Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
Yo quisiera contarlo como una triste historia,
pero ya no es posible.
El tiempo cicatriza con días las heridas;
tal vez esté olvidado como olvida el muchacho
la reciente caída.
A veces, el recuerdo me acerca aquella angustia,
impidiendo que aspire a raudales la vida.
Es un algo enojoso esa cortante arista
que roza mi alegría.
Si pudiera contarlo con palabras precisas,
decir: «Fue justo de este modo…»,
«Comenzó en tales días…»
Pero ya no es posible,
¡se olvida tan aprisa!
Concha Lagos