Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
Un psiquiatra refiere el caso de un cliente suyo que tartamudeaba y quería dejar de hacerlo.
No podía abrir la boca sin tartamudear como un descosido,
y eso le había sucedido toda la vida, desde que era capaz de recordar.
El psiquiatra le preguntó:
"¿Podría usted recordar al menos una ocasión en su vida en la que usted haya hablado sin tartamudear?"
Sí, había habido una ocasión. El tartamudo contó cómo una vez, cuando era joven,
se había montado en un autobús a toda prisa, sin tiempo de sacar el billete,
y estaba preocupado pensando qué pasaría cuando viniera el revisor y le pidiera el billete.
Pero se le ocurrió lo siguiente:
cuando venga y me pida el billete, me pondré a explicarle lo que ha pasado, y,
como tartamudeo tanto, le entrará compasión y me dejará en paz. De hecho,
pensaba exagerar el tartamudeo para que su petición de misericordia resultara mas eficaz.
Se acercó el revisor, se preparó el tartamudo, abrió la boca....
y salieron las palabras con una claridad nítida y una pronunciación exacta,
sin titubeo ni defecto alguno. El revisor sonrió irónicamente ante el "falso" tartamudo
y le impuso la multa de rigor. Nuestro hombre no pudo quedar mas chafado.
Moraleja: La única vez en la vida que acepto y se alegró de ser tartamudo, dejo de serlo