Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
Hoy recibí tu carta.
La he leído con asombro,
pues dices que regresas,
y aún de la sorpresa no he salido…
¡Hace tanto que vivo sin sorpresas!
«Que por fin vas a verme…, que tan larga
fue la separación…» Te lo aconsejo,
no vengas, sufrirías una amarga
desilusión: me encontrarías viejo.
Y como un viejo, ahora, me he llamado
a quietud, y a excepción -¡siempre e! pasado!
de uno que otro recuerdo que en la frente
me pone alguna arruga de tristeza,
no me puedo quejar: tranquilamente
fumo mi pipa y bebo mi cerveza.
Evaristo Carriego