Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...

Un rey se hizo construir un magnífico palacio, compuesto de innumerables habitaciones,
en el que no se podía entrar más que por una única portezuela.
Las personas que quisieron ver a su soberano, tras haber penetrado en el edificio,
vieron abrirse por todos lados puertas que daban a auténticos laberintos.
No pudieron encontrar al rey.
Cuando el príncipe se dirigió a palacio para ver a su padre, penetró por la portezuela de entrada
y reparó de inmediato en que todas las siguientes no eran sino el reflejo de una sola.
La abrió y encontró a su padre, sentado delante de él.