Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
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El Mulá Nasrudín se encontraba en las afueras de Isfahan, descansando debajo de un árbol,
cuando vio aparecer a un mochilero.
-¿Dónde vas extranjero? – le preguntó cortésmente
-En realidad no lo sé – contestó el caminante – ando en busca de felicidad.
No necesito trabajar pues he cosechado una considerable fortuna,
la vida no me ofrece mayores desafíos, y nada me satisface.
Sin decir nada, de un salto, Nasrudín arrebató la mochila del desconocido y escapó a toda prisa.
La víctima corrió detrás de él con todas las fuerzas de su alma.
Pero el Mulá conocía bien el lugar, y todos sus atajos,
así que no le fue difícil dejarlo atrás.
Al llegar a una carretera Nasrudín abandonó la mochila y se escondió detrás de un arbusto.
Un rato después llegó el desesperado viajero,
que no podía dar crédito a sus ojos al ver a su mochila en medio del camino.
Así que corrió hacia ella, la tomó y comenzó a saltar de alegría.
Entonces, el Mulá salió del arbusto y le dijo: -Esa es una manera de crear felicidad.