Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
Caía la lluvia, Zarandeaba el viento las ramas de los árboles.
La niña, cansada de su encierro habló a la lluvia desde la ventana de su habitación:
- Lluvia, mala amiga, ¿por qué caes? Me tienes presa en casa.
¡Cesa ya de una vez! ¡Quiero ir a jugar!.
La voz cantarina de la lluvia replicó:
- Las plantas, amiguita, tienen sed.
Si agua no les doy, ni flores ni frutos darán después.
Autor: Desconocido