Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...

Un oso estuvo a punto de ser asaltado y devorado por un temible leon,
pero un hombre que llevaba una escopeta tuvo tiempo de disparar al felino y salvarle la vida al oso.
El animal estaba tan agradecido que seguía cómo un perro fiel al hombre por donde quiera que iba.
El hombre tenía sueño y se echó a dormir debajo de un arbol.
Entonces las avispas comenzaron a revolotear por encima de su cabeza.
El agradecido oso tartó de dispersarlas dando manotazos en el aire,
pero las avispas no desaparecían y seguían intentado aprosimarse al rostro del durmiente.
Entonces el oso, sumamente irritado por la actitud de los insectos,
cogió una gran roca y la arrojó contra ellos. LA roca no rozó a ninguna avispa,
pero fué a estrellarse contra la cabeza del hombre y puso termino a su vida.
COMENTARIO
La ira es una de las emociones más enraizadas en la mente no solo del oso de nuestra historia,
sino en la de muchos seres humanos, provocando la desdicha propia y ajena.
Nada constructivo puede surgir a la sombra de la ira,
que provoca incluso prejuicios insospechados.