Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
En mitología griega, Épafo era un rey de Egipto, hijo de Zeus e Ío. Una versión minoritaria le hace hijo de Protogenia. Épafo nació a orillas del Nilo tras el largo peregrinar de su madre, que transformada en vaca por la celosa mujer de Zeus, Hera, había recorrido gran parte del mundo conocido huyendo de un tábano que ésta le había mandado para mortificarla. Cuando Ío llegó a Egipto, las caricias de Zeus le devolvieron su figura humana, y a continuación dio a luz al que se convertiría en rey de ese país. Pero la ira de Hera no había quedado satisfecha, y ésta ordenó a sus sacerdotes guerreros, los curetes, que secuestraran al recién nacido. Éstos obedecieron, y aunque fueron descubiertos y castigados por Zeus, que los aniquiló con su rayo, no revelaron el paradero del bebé. Así la desventurada Ío inició una nueva travesía esta vez en busca de Épafo, al que por fin encontró en Siria, donde lo amamantaba Astarté o Saosis, la esposa del rey Malcandro de Biblos. Cuando Ío regresó a Egipto con su hijo se casó con Telégono, rey del lugar, y por eso Epafo heredó este reino cuando éste murió. Épafo se casó con Menfis, una hija del dios-río Nilo. En su honor fundó una ciudad a la que puso su nombre y que se convertiría con el tiempo en la nueva capital del reino. Tras un reinado de gloria, Épafo tuvo una muerte horrible: ver al hijo bastardo de su marido convertido en rey de tan grandioso lugar encendió aún más la sed de venganza de Hera, que decidió que Épafo debía morir mientras cazaba y convenció a los titanes para que se rebelaran contra su marido. Si bien esta rebelión resultó infructuosa, los titanes devoraron a Épafo antes de que Zeus y otros olímpicos los arrojaran al Tártaro,