Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
Vadeaba un perro un río llevando en su hocico un pedazo de carne.
Vio su reflejo en el agua del río
y creyó que era otro perro que llevaba un trozo de carne mayor.
Y deseando más el ajeno, soltó el suyo para arrebatar el trozo a su compadre.
Pero el resultado fue que se quedó sin el propio y sin el ajeno:
éste porque no existía, y el otro porque se lo llevó la corriente.
Nunca codicies el bien ajeno, pues puedes perder lo que ya has adquirido con tu esfuerzo.