Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...

En el campo de un labriego había un árbol estéril que únicamente
servía de refugio a los gorriones y a las cigarras ruidosas.
El labrador, viendo su esterilidad, se dispuso a abatirlo y descargó contra él su hacha.
Suplicáronle los gorriones y las cigarras que no abatiera su asilo,
para que en él pudieran cantar y agradarle a él mismo. Más sin hacerles caso,
le asestó un segundo golpe, luego un tercero. Rajado el árbol,
vio un panal de abejas y probó y gustó su miel, con lo que arrojó el hacha,
honrando y cuidando desde entonces el árbol con gran esmero, como si fuera sagrado.