Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
No me preguntes cuántos años tengo...
Pregúntame, cuántas cartas mandé y cuántas recibí.
No me preguntes cuántos años tengo,
sino, cuántos besos dí,
Besos de amor!
Si la juventud en mí , todavía es una fiesta,
si aprovecho todo a cada instante, y si bebo de la taza de la vida gota a gota...
¡Entonces poco me importa cuántas gotas quedan!
No me preguntes cuántos años tengo, sino...
Pregúntame si tuve hijos,
Si los supe educar..., qué obras hice...
Pregúntame por mis amigos...
y si fui capaz de hacer a alguien feliz...
No me preguntes cuántos años tengo, sino...
pregúntame qué libros leí... por dónde anduve... qué hice...
pregúntame qué historias me acontecieron, cuántos versos escribí, cuántos leí, cuántos canté...
Y así, solamente así, por muy blancos que estén mis cabellos,
por muchas arrugas que surquen mi rostro, me podrás llamar:
“¡EL JOVEN!"
Y, quienes me vean pasar por aquí,
o por allí... no sabrán de hecho mi edad, pero tendrán la certeza de que,
¡he vivido!
Autor: Moacyr José Sacramento