Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...

Un hombre era muy irascible. Él mismo se percataba de que sus estados de irascibilidad
y enfurecimiento eran terribles y, una vez trascurridos éstos,
se daba cuenta de hasta qué punto se había obnubilado su consciencia.
Preocupado por estos accesos de rabia, decidió ir a visitar a un sabio que vivía en la cima de una colina.
Una vez allí, le explicó lo que sucedía y el sabio le dijo:
-Quiero verte cuando estés con la ira. Así que cuando vuelva a darte un acceso de ira, ven a verme.
Al día siguiente, el hombre tuvo un acceso de ira y se puso en marcha hacia la colina,
pero cuando llegó ante el sabio ya se le había pasado. El sabio le dijo:
-Tengo que verte con la ira, para poder conocerte bajo ese estado.
No has corrido lo suficiente y la ira se ha ido. Así que, cuando vuelva a dominarte, ven más deprisa.
Un par de días después, la ira atacó al hombre y éste corrió hacia la colina a toda prisa,
pero cuando llegó junto al sabio ya no tenía ira.
-Esto no puede ser. Ven más deprisa cuando tengas ira.
Se repitió el acceso de ira y el hombre, corriendo cuanto podía, llegó hasta el sabio.
-¿Y la ira? -preguntó el sabio.
- Se ha ido.
-¿Lo ves? -dijo el sabio, la ira no eres tú; viene y se va. ¿Dónde está el problema?
Es que te dejas atrapar por ella. Tienes que estar muy atento para que no te domine,
cuando aparezca; después pasará y no habrá problemas. No te dejes dominar por la ira,
ni te expreses con ira; vendrá y se irá. Tú trata de estar en ti mismo.