Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...

Cuentan los muy ancianos que en tiempos remotos el águila y el león se repartían
el gobierno de los animales. Reinaba el león sobre osos, lobos
y demás cuadrúpedos que poblaban el planeta. El águila, por su parte,
dictaba prudentes reglamentos que regían la vida y costumbres de las aves.
Un día se reunieron ambos soberanos.
- ¡ Has de saber que el murciélago me ocasiona problemas ! - dijo el águila -.
¡Cuando le beneficia dice que es un pájaro y se mezcla con ellos, alegando que como ellos,
vuela ! ¡ Pero cuando su interés reside en librarse de mis leyes, dice que es un mamífero y,
por lo tanto, una bestía de tu juridicción y vasallo de tu imperio !
- ¡ Vaya con el avechucho ! - respondió el león enfadado -.
¡ Cuando intento someterle a las reglas con que gobierno a los cuadrúpedos,
se niega a obedecerlas, alegando que, como vuela es un ave de las tuyas !
-¡ Pues yo no le quiero en mi reino ! - exclamó el águila. - ¡ Ni yo en el mío decidió el león !,
convencidos ambos de que el murciélago era un pícaro, sólo dispuesto a desobedecer.
Moraleja:
Quien tome dos partidos saldrá perjudicado: será, con desconfianza, por ambos despreciado.