Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
Capturó un día un hombre a un águila, le cortó sus alas y la soltó en el corral
junto con todas sus gallinas. Apenada, el águila poderosa, bajaba la cabeza
y pasaba sin comer: era como una reina encarcelada.
Pasó otro hombre que la vio y decidió comprarla. Le arrancó las plumas cortadas
y se las hizo crecer de nuevo. Repuesta el águila alzó vuelo, apresó a una liebre
para llevársela en agradecimiento a su liberador.
La vio una zorra y maliciosamente le dijo: --No le lleves la liebre al que te liberó,
sino al que te capturó; el que te liberó ya es bueno sin más. Procura más bien ablandar al otro,
no vaya a atraparte otra vez y te arranque completamente las alas.
Siempre corresponde generosamente con tus bienhechores, y por prudencia mantente
alejado de los malvados que insinúan hacer lo incorrecto.