Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
En la mitología griega Agamedes (en griego antiguo Ἀγαμήδης) era un hijo de Argino, rey de los minios de Orcómeno, y hermano por tanto del célebre Trofonio. Otras versiones lo hacen hijo de Apolo y Epicaste y padrastro de Trofonio, o hijo de Zeus y Yocasta y padre de Trofonio. Agamedes y Trofonio destacaron como arquitectos, y diseñaron numerosos templos y palacios, alcanzando gran fama cuando construyeron el cuarto templo de Apolo en el oráculo de Delfos. Cuando terminaron, el oráculo dijo a los hermanos que hiciesen absolutamente todo lo que desearan durante seis días y, al séptimo, su mayor deseo les sería concedido. Así hicieron y fueron hallados muertos al séptimo día. El dicho «aquellos a los que aman los dioses mueren jóvenes» procede de esta historia. Ambos hermanos construyeron también la casa de Anfitrión y Alcmena en Tebas y el templo de Poseidón Hippios en Mantinea, al que ningún mortal podía entrar. Épito, el hijo de Hipótoo, desafió esta prohibición y rasgó la tela que protegía la entrada, por lo que fue inmediatamente cegado, muriendo poco después. De este templo se decía que emergía una ola marina que inundaba la planicie de Mantinea.