Acteon era, en la mitología griega, un cazador iniciado en este arte por el centauro Quirón, hijo de Aristeo y Autónoe en Beocia, que sufrió la ira de Artemisa (Diana, en el caso de la romanización de la leyenda, por ejemplo en la versión de Ovidio). Artemisa estaba bañándose desnuda en los bosques cercanos a la ciudad beocia de Orcómeno cuando Acteón se topó con ella. Se detuvo y se quedó mirándola, fascinado por su belleza arrebatadora. Cuando lo vio, Artemisa lo transformó en un ciervo por su desafortunada profanación de sus virginales misterios, y envió a los propios cincuenta sabuesos de Acteón a que lo mataran. Éstos lo hicieron pedazos y devoraron sus carnes, para después buscar a su amo por el bosque, sollozando. Y en esas encontraron al centauro Quirón quien, para consolarlos, construyó una estatua de su difunto dueño. En otra versión de la leyenda, Acteón alardeó de ser mejor cazador que Artemisa, por lo que ésta lo transformó en un venado que fue devorado por sus propios sabuesos.