Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
Se echan a perder una buena cantidad de maridos al cocinarlos mal y así no salen tiernos ni buenos.
Algunas mujeres los mantienen constantemente en agua caliente; otras los dejan congelar con
su descuido e indiferencia. Algunos los guisan de más con maneras y palabras irritantes.
Algunas esposas los conservan en vinagre, mientras que otras los desperdician lastimosamente.
Un marido nunca saldrá tierno y bueno cuando se le maneja de esa forma,
y por el contrario son realmente deliciosos cuando son preparados correctamente.
Al seleccionar un marido, usted no debe guiarse por el aspecto plateado como cuando compra caballas;
ni por el tinte de oro como al escoger salmones. No trate de conseguirlo en el mercado
pues los mejores siempre se entregan a la puerta. Asegúrese de seleccionarlo usted misma
pues a cada quien su gusto...
Es mucho mejor no tener ninguno sino hasta que usted aprenda pacientemente a cocinarlo.
Por supuesto, una cazuela de porcelana fina para conservas es lo mejor, pero si usted no tiene nada
más que una pieza de loza de alfarera, igual le servirá - teniendo cuidado -.
Tal como a cangrejos y langostas, a los maridos se les cocina vivos.
A veces saltan fuera del cazo y se tornan quemados y resecos de las orillas,
así que es sabio asegurarlos en la olla con una fuerte cuerda de seda llamada Comodidad,
ya que el lazo denominado Deber se sabe que resulta débil. Prenda una llama clara
y constante de amor, calidez y coquetería. Arrímelo a ella tanto como él se deje.
Si se esponja, no se preocupe, pues algunos maridos hacen esto hasta que estén bien cocidos.
Agregue algo de azcar en la presentación que los confiteros llaman Besos,
pero por ningún motivo utilice pimienta ni vinagre. Sazónelo al gusto con especias,
preferiblemente con buen humor y alegría, aunque el condimento se debe usar siempre muy cautelosa
y discretamente. Evite lo punzante al probar su ternura. Revuélvalo suavemente,
evitando que se quede demasiado aplastado o pegado a la cazuela, volvindose inservible.
Usted no tendrá problemas para saber cuando esté bien cocido. Si se le trata así,
usted lo encontrará delicioso y digerible, aviniendo con usted perfectamente;
y él le durará cuanto tiempo desee a menos que usted se haga descuidada
y permita que los fuegos hogareños se enfríen. Así preparado, se podrá servir de él toda
una vida de Felicidad.