Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
Un poderoso monarca llamó a un santo padre -al que todos atribuían poderes curativos-
para que le ayudara a disminuir sus dolores de columna.
- Dios nos ayudará -dijo el hombre santo-
Pero antes vamos a entender la razón de estos dolores.
Sugiero que Vuestra Majestad se confiese ahora,
pues la confesión hace al hombre enfrentar sus problemas y lo libera de muchas culpas.
Molesto por tener que pensar en tantos problemas, el rey dijo:
- No quiero hablar de estos temas; necesito a alguien que me cure sin hacer preguntas.
El sacerdote salió y volvió media hora más tarde con otro hombre.
- Creo que la palabra puede aliviar el dolor
y ayudarme a descubrir el camino acertado para la cura -dijo-.
Sin embargo usted no desea conversar y no puedo ayudarlo.
Pero le diré a quién necesita:
mi amigo es veterinario y no acostumbra a hablar con sus pacientes.