Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
Érase una vez había un hombre sabio quien solía ir al océano a escribir.
Tenía el hábito de caminar en la playa antes de comenzar su trabajo.
Un día caminaba a lo largo de la orilla. Cuando miró hacia la playa,
vio una figura humana moviéndose como un bailarín.
El sonrió a sí mismo al pensar que alguien le bailara al día.
Así que empezó a caminar más rápido para alcanzarlo.
Cuando se aproximaba, vio que era un hombre joven y el joven no estaba bailando,
pero en cambio él estaba inclinado en la orilla recogiendo algo y suavemente arrojándolo al océano.
Cuando estaba más cerca le llamó,
– ¡Buenos días! ¿Qué estás haciendo?
El joven hizo una pausa y miró hacia arriba
y le respondió,
– Estoy arrojando las estrellas de mar al océano.
Pensé que debía preguntar,
– ¿Por qué estás arrojando estrellas de mar en el océano?
– El sol está alto y la marea está bajando y si no las tiro al mar morirán.
– Pero Joven no se da cuenta que hay millas y millas de playa y estrellas de mar a lo largo de esta.
¡Es imposible que hagas diferencia!
El joven lo escuchó cortésmente. Luego se agachó, recogió otra estrella y la arrojó en el mar,
más allá donde rompen las olas y le dijo:
– Le hizo diferencia a esa.