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4 mayo 2010 2 04 /05 /mayo /2010 12:13

La-Fuente-De-La-Juventud.jpg

 

Había una vez un viejo carbonero que vivía con su esposa, que era también viejísima.
El viejo se llamaba Yoshiba, y su esposa se llamaba Fumi. Los dos vivían en la isla sagrada de Mija Jivora,
donde nadie tiene derecho a morir. Cuando una persona enferma lo mandan a la isla vecina,
y si por casualidad muere alguien sin síntomas, envían el cadáver a toda prisa a la otra ribera.
La isla, la más pequeña del Japón, es también la más hermosa. Está cubierta de pinos y sauces,
y en el centro se alza un hermoso y solemne templo, cuya puerta parece que se adentre en el mar.
El mar más azul y transparente que podáis imaginar, mientras que el aire, el aire es nítido y diáfano.
 
Los dos ancianos eran admirados por el resto de la aldea, que les admiraba por dos virtudes:
su resignación y persistencia a la hora de aceptar y superar los avatares de la vida,
y el amor mutuo que se habían procesado durante más de cincuenta años.
 
El suyo, como tantos otros en Japón, había sido un matrimonio concertado por sus padres.
Fumi no había visto nunca a Yoshiba antes de la boda, y éste sólo la había entrevisto
un par de veces a través de las cortinas, y se había quedado admirado por su rostro ovalado,
la gentileza de su figura y la dulzura de su mirada. Desde el día del casamiento,
la admiración y adoración fue mutua. Ambos disfrutaron de la alegría de su enlace
que se multiplicó con creces con tres hermosos y fuertes hijos, pero ambos también
se vieron sacudidos por la tristeza de perder a sus tres hijos, una noche de tormenta en el mar.
 
Aunque disimulaban ante sus vecinos, cuando estaban solos lloraban abrazados
y secaban sus lágrimas en las mangas de sus kimonos. En el lugar central de la casa,
construyeron un altar, en memoria de sus hijos y cada noche llevaban ofrendas
y rezaban ante él. Pero últimamente una nueva preocupación había devuelto la congoja
a sus corazones. Ambos eran mayores y sabían que ya no les quedaba mucho tiempo.
Pero Yoshiba se había convertido en las manos de su esposa y Fumi en sus ojos
y sus pies, y no sabían cómo podrían superar la muerte de alguno de ellos.
¡oh, si tuviésemos una larga vida por delante!
 
Una tarde, Yoshiba sintió la necesidad de volver a ver el lugar donde había trabajado
durante más de cincuenta años. Pero al llegar al claro del bosque, y observar los árboles,
tan conocido, se dio cuenta que había algo nuevo. Tanto años trabajando allí,
y nunca se había fijado en que debajo del mayor árbol había un manantial de agua clara
y cristalina, que al caer parecía cantar, y su crujido, como el de hojas de papel arrugadas,
se mezclaba con el murmullo de la hojas al ser movidas por el susurro de la brisa al atardecer.
Yoshiba sintió una terrible sed y se acercó a fuente. Cogió un poco de agua y bebió.
 
Al rozar sus labios, sintió la necesidad de beber más, pero al ir a cogerla observó
su reflejo en el agua y vio que habían desaparecido las arrugas de su rostro,
su pelo era otra vez una hermosa y negra cabellera, y su cuerpo parecía más vigoroso
y fortalecido. Aquel agua tenía un poder misterioso que lo habían hecho rejuvenecer.
Entonces sintió la necesidad de ir corriendo a decírselo a su esposa.
Cuando Fumi lo vio llegar no reconoció a aquel mozo que de pronto se acercaba hacía la casa,
pero al estar junto a él observó sus ojos y lo reconoció. Cayó desmayada al recordar
sus años de juventud, pero Yoshiba la levantó y le contó lo que había ocurrido en el bosque.
Decidió que fuese por la mañana, porque ya era de noche y no deseaba que se perdiera.
 
A la mañana siguiente Fumi se fue al bosque. Yoshiba calculó dos horas,
porque aunque a la ida tardaría más por su edad y la falta de fuerza,
a la vuelta llegaría enseguida porque habría recuperado su juventud.
Pero pasaron dos horas, y tres, y cuatro, y hasta cinco, por lo que Yoshiba empezó
a preocuparse y decidió ir él mismo al bosque a buscar a su esposa.

 
Cuando llegó al claro, vio la fuente, pero no encontró a nadie. Entre el murmullo de las hojas
y el crujido del agua, oyó un leve sonido. Como el que hace cualquier cría de animal
cuando está sólo. Se acercó a unas zarzas, las apartó y encontró una pequeña criatura
que le tendía los brazos. Al cogerla, reconoció la mirada. Era Fumi, que en su ansia
de juventud había bebido demasiada agua, llegando así hasta su primera infancia.
Yoshiba la ató a su espalda y se dirigió hacia casa. A partir de entonces,
tendría que ser el padre de la que había sido la compañera de su vida.

 

Autor: Cuento Popular Japones

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3 mayo 2010 1 03 /05 /mayo /2010 15:13

El-Perro-Y-El-Carnicero.jpg

 

Penetró un perro en una carnicería,
 
y viendo que el carnicero estaba muy ocupado,
 
cogió un trozo de carne y salió corriendo.
 
Se volvió el carnicero, y viéndole huir, exclamó:
 
-- ¡ Oye amigo ! allí donde te encuentre, no dejaré de mirarte !
 
No esperes a que suceda un accidente para pensar en cómo evitarlo.

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2 mayo 2010 7 02 /05 /mayo /2010 13:13

La-Figura-De-Madera.gif

 

Al bajar del autobús, camino del colegio, Rodrigo paseaba todos los días cerca de una chabola,
que estaba al lado de un viejo caserón. La chabola estaba hecha de ladrillos viejos
y maderas, con el techo de aluminio y las ventanas de plástico. Sentados en la puerta,
unos niños de corta edad, el pequeño apenas balbuceaba dos palabras nada más.
 
Al ver a Rodrigo se quedaban embobados viendo sus bonitas ropas y su cartera y entre ellos murmuraban:
¡Qué feliz será ese niño, con tantas cositas bellas y una buena cazadora que le calma del frío en el invierno!.
¿Seguro que vivirá en una linda casita, rodeado de gente que le quiere,
tendrá juguetes y una cama dónde dormir. Tendrá un colegio, una maestra,
que le enseñará del mundo todo lo más hermoso y le contará historias.
 
Aprenderá ha hacer números y a leer muchos cuentos. Podría ir al parque, al zoo y de excursión.
Tendría unos amigos con los que jugar al fútbol. Rodrigo escuchaba sus voces infantiles
y el balbuceo del más pequeño y su cara inocente de niño tierno se llenaba de lágrimas y desconsuelo.
El, hizo lo que pudo por ayudarles, les traía ropa y alimentos muchas veces,
pero eso no era todo lo que él quería, no era lo justo, que les debía ofrecer la vida.
 
Los niños deberían tener derecho a que sus sueños les hicieran crecer, a no pasar hambre, miserias ni sed.
Derecho a aprenderlo todo sobre la libertad, a ser solidario y a saber amar.
Rodrigo volvió a aquella casita, un día un chaval le dio en su manita,
una figura de madera que el mismo había tallado con un viejo cuchillo y muchas horas de trabajo.
Era la figura de un niño que el mismo había pintado, era un niño de cabellos rubios y pelo rizado.
La cara llena de bondad, que refleja un alma límpia.
 
Al cogerlo Rodrigo lloró, al sentir la gratitud del chaval.
Hay cosas que sólo se pagan con amor y llenan el alma de paz.
Rodrigo siguió paseando por allí, hasta que un día se hizo mayor, dejo el colegio
y se marchó y nunca más volvió.
 
Pero en una estantería de su habitación guardado en un sitio muy especial,
tiene un tesoro, un tesoro de amor que un día le talló un chaval.
Es algo tan valioso para él, que en los momentos bajos de moral,
lo mira y empieza a crecer y la fuerza del recuerdo es tan poderosa
que vuelve a sentirse ilusionado casi sin darse cuenta.
 
Autor: Marisa Moreno

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1 mayo 2010 6 01 /05 /mayo /2010 14:35

El-perro-y-el-reflejo-en-el-rio.jpg

 

Vadeaba un perro un río llevando en su hocico un pedazo de carne.
 
Vio su reflejo en el agua del río

 
y creyó que era otro perro que llevaba un trozo de carne mayor.
 
Y deseando más el ajeno, soltó el suyo para arrebatar el trozo a su compadre.

  
Pero el resultado fue que se quedó sin el propio y sin el ajeno:
 
éste porque no existía, y el otro porque se lo llevó la corriente.
 
Nunca codicies el bien ajeno, pues puedes perder lo que ya has adquirido con tu esfuerzo.

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30 abril 2010 5 30 /04 /abril /2010 11:33

La-Fiesta-Del-Limonero.jpg

 

¡TOC TOC TOC! ¡TOC TOC TOC!
-¿Quién es?- preguntó la hormiga negra asomándose por la ventana de su casa.
-¡Soy yo, Pico el cartero! ¡Te traigo una carta que te manda la mariposa azul!
-¿Una carta? ¿Y qué dice? Leéla Pico, por favor, yo no puedo,
porque ayer se me rompieron los anteojos.
-Bueno, dice así:
 
"Te invito a mi cumpleaños, hoy a la noche, en mi nueva casa, la hoja del limonero. No faltes."
-¡Una fiesta! ¡Qué lindo! ¡Alí estaré!- dijo aplaudiendo de alegría la hormiga.
-¡Y yo !- dijo Pico- A mí también me invitó. Cuando termine de entregar las cartas, voy para allá.
-¡Hasta luego!- dijo la hormiga y cerró la ventana.
-¡Hasta luego!- dijo el mosquito y se fue volando.

Cerca de allí vivía la hormiga roja. Pico llegó enseguida y...
¡RINNN RINNN RINNN!
-¿Quién toca el timbre?-preguntó la dueña de casa.
-¡Yo, Pico el cartero! Te traigo una carta que te manda la mariposa azul.
-¿A ver? ¿A ver?- dijo curiosa la hormiga y leyó:
"Te invito a mi cumpleaños, hoy a la noche, en mi nueva casa, la hoja del limonero. No faltes."
-¡Una fiesta en el limonero! ¡Maravilloso! ¡Me cambio y voy! ¡Hasta luego!- dijo feliz.
-¡Hasta luego! ¡Allá nos vemos!- dijo el mosquito y se fue.
 
Voló un buen rato, hasta que llegó a la casa de la abeja.
No tuvo que golpear, porque ella estaba charlando en la puerta con la chinche verde.
-¡Qué suerte que las encuentro juntas!- dijo Pico- Tomen, aquí tienen las cartas
que les envía la mariposa azul.
Las dos al mismo tiempo, leyeron
-"Te invito a mi cumpleaños, hoy a la noche, en mi nueva casa, la hoja del limonero. No faltes."
-¡Cuánto hace que no íbamos a una fiesta! ¿No es cierto? ¡Qué linda noticia!
¡Vamos a prepararnos! ¡Hasta luego!- dijeron.
-¡Hasta luego!- dijo Pico- Me voy rápido, porque todavía me falta entregar muchas cartas.
¡Nos vemos en la fiesta!
 
Y Pico partió para la casa del gusano, que quedaba bastante lejos de allí...
Como sabiendo que habría una fiesta, el sol se ocultó ese día más temprano que nunca.
La noche llegó y desplegó en el cielo su mantel de terciopelo azul bordado con estrellas.
Uno a uno comenzaron a llegar todos. La hoja verde del limonero, en un momento, se llenó de invitados:
hormigas negras, hormigas rojas, abejas, mariposa rojas, amarillas, chinches verdes, luciérnagas...
¡Qué hermosa estaba la fiesta! Todos reían, cantaban, comían cosas ricas y bailaban.
 
De pronto, la mariposa azul preguntó:
-¿Y Pico? ¿No vino Pico?
Buscaron por todos lados y no lo encontraron.
-¿Qué le habrá pasado? ¿Estará enojado?- murmuraron todos.
-¡Nosotras lo vamos a buscar!- dijeron las luciérnagas y salieron volando.
No tuvieron que ir demasiado lejos. Cerca, muy cerca, acostado y durmiendo
en otra hoja del limonero, estaba Pico.
Pobrecito... ¡Tanto trabajó repartiendo cartas, que se había quedado dormido!
 
Con el pétalo de una flor, las luciérnagas armaron una camita y lo llevaron a la fiesta.
Trataron de no gritar. La música sonó más suave y se rieron bajito para que Pico pudiera
dormir un ratito más. Cuando se despertó, fresco como una lechuga, empezó a reír, a comer,
a bailar y no paró hasta que el primer rayito de sol iluminó la hoja verde del limonero.
 
Autor: Edith Mabel Russo

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29 abril 2010 4 29 /04 /abril /2010 11:50

El-Perro-Y-La-Liebre.jpg

 

Un perro de caza atrapó a una liebre,
 
y a ratos la mordía y a ratos le lamía el hocico.
 
Cansada la liebre de esa actitud le dijo:
 
- ¡Deja de morderme o de besarme, para saber yo si eres mi amigo o eres mi enemigo!
 
Sé siempre consistente en tus principios.

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28 abril 2010 3 28 /04 /abril /2010 12:17

El-perro-y-la-almeja.jpg

 

Un perro acostumbrado a comer huevos, al ver una almeja, no lo pensó dos veces,
y creyéndola un huevo, se la tragó inmediatamente.

 
Desgarradas luego sus entrañas, se sintió muy mal y se dijo:
 
- Bien merecido lo tengo, por creer que todo lo redondo son huevos.
 
Nunca tomes un asunto sin reflexionar, para no entrar luego en extrañas dificultades.

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27 abril 2010 2 27 /04 /abril /2010 11:57

El perro de pelea y los perros sencillo 

 Un perro había sido muy bien alimentado en una casa y adiestrado para luchar contra las fieras.
Un día, al ver un gran número de ellas colocadas en fila, rompió el collar que le sujetaba
y echó a correr por las calles del pueblo. Lo vieron otros perros que era fuerte como un toro
y le preguntaron:
 
- ¿ Por qué corres de esa manera ?
 
- Sé que vivo en la abundancia, con mi estómago siempre satisfecho,
pero también siempre estoy cerca de la muerte combatiendo a osos y leones - respondió.
 
Entonces los perros comentaron:
 
- Nuestra vida es pobre, pero bella, sin tener que pensar en combatir con leones ni osos.
 
Las grandes ganancias, siempre van acompañadas de grandes riesgos.

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25 abril 2010 7 25 /04 /abril /2010 13:51

La-rana-gritona-y-el-leon.jpg

 

Oyó un león el croar de una rana, y se volvió hacia donde venía el sonido,
pensando que era de algún animal muy importante.
 
Esperó un tiempo, y cuando vio a la rana que salía del pantano,
se acercó y la aplastó diciendo:
 
- ¡Tú tan pequeña y lanzando esos tremendos gritos!
 
Quien mucho habla, poco es lo que dice.

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24 abril 2010 6 24 /04 /abril /2010 14:03

El-Aguila-Y-La-Flecha.jpg

 

Estaba un águila en el pico de un peñasco esperando por las liebres.
 
Mas un cazador le lanzó una flecha que atravesó sus carnes.
 
Viendo el águila entonces que la flecha estaba construida con sus propias plumas exclamó:
 
-- ¡ Qué tristeza tener que morir por causa de mis propias plumas !
 
Más profundo es nuestro dolor cuando nos vencen con nuestras propias armas.

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  • : Olympia
  • : Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
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