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28 mayo 2010 5 28 /05 /mayo /2010 12:09

Las-Habichuelas-Magicas.jpg

 

Periquín vivía con su madre, que era viuda, en una cabaña del bosque.
Como con el tiempo fue empeorando la situación familiar, la madre determinó mandar a Periquín
a la ciudad, para que allí intentase vender la única vaca que poseían.
El niño se puso en camino, llevando atado con una cuerda al animal, y se encontró
con un hombre que llevaba un saquito de habichuelas. -Son maravillosas -explicó aquel hombre-.
 
Si te gustan,te las daré a cambio de la vaca. Así lo hizo Periquín, y volvió muy contento a su casa.
Pero la viuda, disgustada al ver la necedad del muchacho, cogió las habichuelas
y las arrojó a la calle. Después se puso a llorar.
Cuando se levantó Periquín al día siguiente, fue grande su sorpresa al ver que las habichuelas
habían crecido tanto durante la noche, que las ramas se perdían de vista.
Se puso Periquín a trepar por la planta, y sube que sube, llegó a un país desconocido.
 
Entró en un castillo y vio a un malvado gigante que tenía una gallina que ponía un huevo de oro
cada vez que él se lo mandaba. Esperó el niño a que el gigante se durmiera,
y tomando la gallina, escapó con ella. Llegó a las ramas de las habichuelas,
y descolgándose, tocó el suelo y entró en la cabaña.
La madre se puso muy contenta. Y así fueron vendiendo los huevos de oro,
y con su producto vivieron tranquilos mucho tiempo, hasta que la gallina se murió
y Periquín tuvo que trepar por la planta otra vez, dirigiéndose al castillo del gigante.
 
Se escondió tras una cortina y pudo observar como el dueño del castillo iba contando
monedas de oro que sacaba de un bolsón de cuero. En cuanto se durmió el gigante,
salió Periquín y, recogiéndo el talego de oro, echo a correr hacia la planta gigantesca
y bajó a su casa. Así la viuda y su hijo tuvieron dinero para ir viviendo mucho tiempo.
Sin embargo, llegó un día en que el bolsón de cuero del dinero quedó completamente vacío.
 
Se cogió Periquín por tercera vez a las ramas de la planta, y fue escalándolas hasta llegar a la cima.
Entonces vió al ogro guardar en un cajón una cajita que, cada vez que se levantaba la tapa,
dejaba caer una moneda de oro. Cuando el gigante salió de la estancia,
cogió el niño la cajita prodigiosa y se la guardó. Desde su escondite vió Periquín
que el gigante se tumbaba en un sofá, y un arpa, oh maravilla!, tocaba sóla,
sin que mano alguna pulsara sus cuerdas, una delicada música.
El gigante, mientras escuchaba aquella melodía, fue cayendo en el sueño poco a poco.
 
Apenas le vió asi Periquín, cogió el arpa y echó a correr. Pero el arpa estaba encantada y,
al ser tomada por Periquín, empezó a gritar: -Eh, señor amo, despierte usted, que me roban!
Despertose sobresaltado el gigante y empezaron a llegar de nuevo desde la calle los gritos acusadores:
-Señor amo, que me roban! Viendo lo que ocurria, el gigante salió en persecusión de Periquín.
Resonaban a espaldas del niño pasos del gigante, cuando, ya cogido a las ramas empezaba a bajar.
Se daba mucha prisa, pero, al mirar hacia la altura, vio que también el gigante descendía hacia él.
 
No había tiempo que perder, y así que gritó Periquín a su madre,
que estaba en casa preparando la comida: -Madre, traigame el hacha en seguida,
que me persigue el gigante! Acudió la madre con el hacha, y Periquín,
de un certero golpe, cortó el tronco de la trágica habichuela. Al caer,
el gigante se estrelló, pagando así sus fechorías, y Periquín y su madre vivieron felices
con el producto de la cajita que, al abrirse, dejaba caer una moneda de oro.
 
FIN

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27 mayo 2010 4 27 /05 /mayo /2010 11:59

El-Honrado-Lenador.jpg

 

Había una vez un pobre leñador que regresaba a su casa después de una jornada de duro trabajo.
Al cruzar un puentecillo sobre el río, se le cayó el hacha al agua.
Entonces empezó a lamentarse tristemente:
-¿Cómo me ganaré el sustento ahora que no tengo hacha?
 
Al instante, ¡oh, maravilla!, una bella ninfa aparecía sobre las aguas y dijo al leñador:
-Espera, buen hombre: traeré tu hacha.
Se hundió en la corriente y poco después reaparecía con un hacha de oro entre las manos.
El leñador dijo que aquella no era la suya. Por segunda vez se sumergió la ninfa,
para reaparecer después con otra hacha de plata.
- Tampoco es la mía -dijo el afligido leñador.
 
Por tercera vez la ninfa buscó bajo el agua. Al reaparecer,
llevaba en sus manos un hacha de hierro.
-¡Oh, gracias, gracias! ¡Esa es la mía!
- Pero, por tu honradez, yo te regalo las otras dos.
Has preferido la pobreza a la mentira y te mereces el premio.

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26 mayo 2010 3 26 /05 /mayo /2010 12:19

El-Hombrecito-Grande.jpg

 

Yo soy pequeño porque soy un niño. Cuando yo tenga la edad de mi papá, seré grande.
Entonces, si mi maestro viene a decirme: "¡Es tarde! ¡Toma los cuadernos y los libros!",
yo le diré: "¿No estás tú viendo que soy ya grande como mi papá? Ya no tengo que ir a la escuela."
Mi maestro se quedará pensando, y dirá: "Es verdad, ya es grande.
Tiene que aprender otras cosas."
 
Cuando vuelva mamá de su trabajo, como yo sabré ya cuánto cuestan las cosas,
me encontrará haciendo las cuentas del gasto que hice en el mandado, y me dirá:
"¿Qué es lo que estás haciendo, loco?"  
Yo le contestaré "Pero mamá, ¿no lo sabes tú? Yo soy ya grande, como papá,
y puedo hacer las compras de la casa." Y mi madre dirá para sí:
"Que compre lo que sea necesario, que ya es un hombre."
 
Cuando vuelva mi papá de su trabajo, creyéndose que soy todavía un niño,
me traerá unos zapatitos. Yo le diré:
"Dáselos a mi hermanito, papá, que yo soy ya tan grande como tú."
Y papá pensará y dirá: "Es verdad. Él puede comprarse su ropa, pues ya es grande."
 
Rabindranaz Tagoré

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25 mayo 2010 2 25 /05 /mayo /2010 11:46

El-Hombre-Que-Se-Creia-Muerto.jpg

 

Había un señor muy aprensivo respecto de sus propias enfermedades y sobre todo,
muy temeroso del día en que le llegara la muerte.
Un día, entre tantas ideas locas, se le ocurrió que quizás él ya estaba muerto.
Entonces le preguntó a su mujer:
-Dime mujer ¿no estaré muerto yo?
 
La mujer rió y le dijo que se tocara las manos y los pies.
- ¿Ves? ¡están tibios! Bien, eso quiere decir que estás vivo.
Si estuvieras muerto, tus manos y tus pies estarían helados.
Al hombre le sonó muy razonable la respuesta y se tranquilizó.
Pocas semanas después, el hombre salió bajo la nieve a hachar algunos árboles.
 
Cuando llegó al bosque se sacó los guantes y comenzó a hachar.
Sin pensarlo, se pasó, la mano por la frente y notó que sus manos estaban frías.
Acordándose de lo que le había dicho su esposa, se quitó los zapatos y las medias,
y confirmó con horror que sus pies también estaban helados.
En ese momento ya no le quedó ninguna duda, se "dió cuenta" que estaba muerto.
 
- No es bueno que un muerto ande por ahí hachando árboles- se dijo.
Así que dejó el hacha al lado de su mula y se tendió quieto en el piso helado,
las manos en cruz sobre el pecho y los ojos cerrados.
A poco de estar tirado en el piso, una jauría comenzó a acercarse a las alforjas
donde estaban las provisiones. Al ver que nada los paraba, destrozaron las alforjas
y devoraron todo lo que había de comestible.
 
El hombre pensó:
- Suerte que tienen que estoy muerto que si no, yo mismo los echaba a patadas.
La jauría siguió husmeando y descubrió al burro atado a un árbol.
Fácil presa era de los filosos dientes de los perros. El burro chilló y coceó,
pero el hombre sólo pensó qué lindo sería defenderlo,
si no fuera porque él estaba muerto.
 
En algunos minutos dieron cuenta del burro, sólo unos pocos perros seguían royendo algún hueso.
La jauría, insaciable, siguió rondando el lugar.
No pasó mucho tiempo hasta que uno de los perros olió el olor del hombre.
Miró a su alrededor y vio al hachero tirado inmóvil en el piso.
Se acercó lentamente (muy lentamente, porque el hombre era muy peligroso y engañador).
En pocos instantes, todos los perros babeando sus fauces rodearon al hombre.
 
-Ahora me van a comer- pensó-. Si no estuviera muerto, otra sería la historia.
Los perros se acercaron ...y viendo su inacción se lo comieron.
FIN.

 

Autor: Desconocido

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24 mayo 2010 1 24 /05 /mayo /2010 11:34

Gris.jpg

 

Desde muy pequeño todo lo que le rodeaba era diferente,
nunca entendía por qué los demás podían disfrutar de aquellas grises tardes,
de aquellos grises juegos o de las grises historias del viejo ermitaño del pueblo.
 
Sus mayores tenían razón, no se debe jugar con el suelo mojado, no se pueden tocar los animales,
esto no se toca, esto no se hace, esto no se puede.
Estaba convencido de que los demás muchachos eran de otro mundo,
pues cuando tenían la menor oportunidad ignoraban las correctas indicaciones de los mayores.
 
Los mayores siempre tienen la razón, ¿Por qué no les escuchaban?,
¿Por qué no les hacían caso?.
Pasaban los meses y los demás niños continuaban con sus grises juegos,
sus grises risas, mientras él realmente iba por el buen camino;
aquél que los mayores le marcaban.
 
Un día, la más pequeña del grupo, se acercó y le pregunto:
¿Por qué no juegas con los demás?
¿Jugar? – contestó - Según los mayores, jugar es cosa de niños.
Pero, ¿acaso no eres tú un niño como todos nosotros? – replicó la niña –
 
Por un segundo, todo lo que le rodeaba comenzó a tomar color.
Pensó en todo aquello que según los mayores estaba bien, pero que ahora para él empezaba a ser gris.
Las palabras de la pequeña habían conseguido que, por primera vez,
diera color a todo aquello que le estaba vedado.
 
Nuestro pequeño aprendió que ser niño no es cuestión de edad.
 
Autor: Fernando Fernán Alonso

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21 mayo 2010 5 21 /05 /mayo /2010 11:57

La-Grulla-Agradecida.gif

 

Erase una vez había un joven que vivía solo en una casita al lado del bosque.
De regreso a casa durante un día de invierno bastante nevoso, oyó un ruido extraño.
Se puso a caminar hacia un campo lejano de donde venía el sonido,
y allí descubrió una grulla tumbada sobre la nieve llorando de dolor.
Una flecha incada en la ala tenía, pero el joven, muy cariñoso,
se la quitó con mucho cuidado. El pájaro, ya libre, voló hacia el cielo y desapareció.
 
El hombre volvió a casa. Su vida era muy pobre. Nadie le visitaba, pero esa noche
a la puerta sonó un frap-frap-frap. "¿Quién será, a esta hora y en tanta nieve?"
pensó él. ¡Qué sorpresa al abrir la puerta y ver a una mujer joven y bonita!
Ella le dijó que no podia encontrar su camino por la nieve, y le pidió dejarla descansar
en su casa, para lo cual él fué muy dispuesto. Se quedó hasta el almanecer,
y tambien el día siguiente.
 
Tan dulce y humilde era la mujer que el joven se enamoró y le pidió ser su esposa.
Se casaron, y apesar de su pobreza, se sentían alegres. Hasta los vecinos se alegraban
de verlos tan contentos. Pero el tiempo vuela y pronto llegó otro invierno.
Se quedaron sin dinero y comida, tan pobres como siempre.
Un día, para poder ayudar un poco, la mujer joven decidió hacer un tejido
y su marido le construyó un telar detras de la casa. Antes de empezar su trabajo
ella pidió a su marido prometerla nunca entrar al cuarto. El lo prometió.
Tres dias y tres noches trabajó ella sin parar y sin salir del cuarto.
Casi muerta parecía cuando la mujer joven por fin salió, pero a su marido le presentó
un tejido hermoso. El lo vendió y consiguío un buen precio.
 
El dinero les duró bastante tiempo pero cuando se acabo todavía seguía el invierno.
Ya que, otra vez se puso a tejer la mujer joven, y otra vez su marido le prometió
no entrar al cuarto. Fueron no tres sino cuatro dias cuando ella,
viendose peor que la vez siguiente, salió del cuarto y le dió a su marido un tejido
de tan gran maravilla que, al venderlo en el pueblo, consiguierón dinero suficiente
para dos inviernos duros.
 
Mas seguros para el futuro que nunca, desafortunadamente el hombre se hizo avaro.
Tormentado, tanto por el deseo de ser rico como por los vecinos siempre preguntandole
que cómo se podía tejer sin comprar hilo, el joven le pidió a su señora hacer otro tejido.
Ella pensaba que tenian bastante dinero y que no habia necesidad, pero el avaricioso
no dejaba de insistir. Puesto que, después de recordarle a su marido la promesa,
la mujer se metió en el cuarto a trabajar.
 
Esta vez la curiosidad no le dejaba al hombre en paz. Ignorando su promesa,
fué al cuarto donde su señora trabajaba y abrió un poquito la puerta.
La sorpresa de lo que vió le hizo escapar un grito. Manejando el telar estaba no
su señora sino un pajaro hermoso, cual de las plumas que se iba arrancando de su propio
cuerpo hacia un tejido igualmente hermoso. Cuando el pajaro, al oirle gritarr,
se dió cuenta de que alguien la miraba dejó de trabajar y de repente su forma se convirtio
a la de la mujer joven.
 
Entonces, ella le explicó su historia, que ella era esa grulla cual él ayudó y que, agradecida,
se convertió a mujer, y que empezó a tejer para ayudarle no ser pobre,
esto a pesar del sacrificio que tejer con las plumas de su propio cuerpo le costaba.
Pero, ahora que él sabía su secreto, tendrían que dejar de ser juntos. Al oir esto,
el prometió que la quería más que todo el dinero del mundo, pero ya no habia remedio.
Cuando acabó su historia, ella se convirtió a grulla y voló hacia el cielo.

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20 mayo 2010 4 20 /05 /mayo /2010 11:55

La-granja-de-sebastian.jpg

 

La granja de Sebastián era una granja como todas las granjas; es decir, muy normal.
Pero un día todo cambió porque a Sebastián se le ocurrió tomar un ayudante.
La idea no era mala, ya que en la granja había mucho trabajo
y el pobre Sebastián se sentía un poco cansado.
El ayudante se llamaba Juanito; parecía muy bueno y trabajador;
pero como siempre había vivido en la ciudad, era algo torpe a pesar de su buena voluntad.
 
El día que llegó, Sebastián le recomendó que se fuera a dormir temprano porque en la granja
había que levantarse a la madrugada, junto con el sol, cuando cantaba el gallo.
"¡Vaya despertador más raro!", pensó Juanito mientras iba en busca del gallo
para ponerlo sobre su mesa de luz. Y eso no fue nada; lo peor fue cuando intentó darle cuerda...
¡tuvo que correrlo por todo el dormitorio porque el gallo no se dejaba retorcer la cola!
 
"Este debe ser un gallo automático, de ésos que tienen pilas", pensó por fin y,
cansado, se acostó en su cama. El pobre gallo, que no entendía lo que sucedía,
se quedó dormido junto a Juanito y, como la cama era muy cómoda, los dos durmieron
y durmieron hasta que el sol estuvo muy alto. El problema fue que como el gallo no cantó,
todos en la granja se quedaron dormidos. El primero en despertarse fue el ternero y,
como tenía mucha hambre, despertó a su mamá, la vaca, para que le diera la leche.
 
Después de alimentar a su hijito, mamá vaca esperó en vano que Sebastián le llevara su comida.
Entonces, muy hambrienta, se metió en la cocina de la casa y se tomó todo el café que encontró.
Los cerdos, que ya se habían despertado y también tenían hambre, vieron entrar a la vaca
en la cocina y decidieron imitarla. Pero camino de la casa, pasaron por el gallinero
y despertaron a las gallinas para invitarlas a desayunar con ellos en la cocina de Sebastián.
Para entonces, ya no se podía decir que la granja de Sebastián fuera como todas las granjas...

 

porque de normal no le quedaba nada. Tanto alboroto en la cocina, despertó por fin al granjero,
que al mirar su reloj, comprobó desesperado que eran... ¡las diez de la mañana!
Se puso las botas y corrió al dormitorio de Juanito y, una vez allí, no pudo creer lo que estaba viendo:
¡Juanito y el gallo dormían plácidamente, uno junto al otro!
Cuando Sebastián se repuso del asombro, corrió escaleras abajo y, al entrar en la cocina,
se encontró con que los animales de la granja se habían comido todo lo que encontraron.
 
El desorden era total y era tan increíble lo que estaba viendo, que Sebastián pensó
que era una pesadilla y que aún no se había despertado. A Sebastián, ayudado por Juanito,
les llevó el resto del día a poner en orden la granja hasta lograr que pareciera normal otra vez.
Pero al día siguiente, cuando Sebastián ordeñó a la vaca, la vaca le llenó un tarro entero
con café con leche. Cuando Juanito vio esto dijo:
-¡Qué lástima que ayer la vaca se tomara el café en lugar de comerse el chocolate...!
Pero lo que Juanito no sabía, era que el chocolate se lo habían comido las gallinas que,
en ese momento, estaban poniendo, ¡"Huevos de Pascua"!
 
Autor: Raquel Barthe

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19 mayo 2010 3 19 /05 /mayo /2010 12:32

La-Gatita-Encantada.jpg

 

Erase un príncipe muy admirado en su reino. Todas las jóvenes casaderas deseaban tenerle por esposo.
Pero él no se fijaba en ninguna y pasaba su tiempo jugando con Zapaquilda,
una preciosa gatita, junto a las llamas del hogar. Un dia, dijo en voz alta:
-Eres tan cariñosa y adorable, que, si fueras mujer, me casaría contigo.
En el mismo instante apareció en la estancia el Hada de los Imposibles, que dijo:
 
-Principe, tus deseos se han cumplido.
El joven, deslumbrado, descubrió junto a él a Zapaquilda, convertida en una bellísima muchacha.
Al dia siguiente se celebraban las bodas y todos los nobles y pobres del reino
que acudieron al banquete se extasiaron ante la hermosa y dulce novia.
 
Pero, de pronto, vieron a la joven lanzarse sobre un ratoncillo que zigzagueaba
por el salón y zampárselo en cuanto lo hubo atrapdo. El príncipe empezó entonces a llamar
al Hada de los Imposibles para que convirtiera a su esposa en la gatita que había sido.
Pero el Hada no acudió, y nadie nos ha contado si tuvo que pasarse la vida contemplando
como su esposa daba cuenta de todos los ratones de palacio.

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18 mayo 2010 2 18 /05 /mayo /2010 11:46

La-Gallinita-Colorada.gif

 

Había una vez, una gallinita colorada que encontró un grano de trigo.
“Quién sembrará este trigo?”, preguntó. “Yo no”, dijo el cerdo. “Yo no”, dijo el gato.
“Yo no”, dijo el perro. “Yo no”, dijo el pavo. “Pues entonces”,
dijo la gallinita colorada, “lo haré yo. Clo-clo!”. Y ella sembró el granito de trigo.
 
Muy pronto el trigo empezó a crecer asomando por encima de la tierra.
Sobre él brilló el sol y cayó la lluvia, y el trigo siguió creciendo y creciendo hasta
que estuvo muy alto y maduro.
 
“¿Quién cortará este trigo?”, preguntó la gallinita. “Yo no”, dijo el cerdo.
“Yo no”, dijo el gato. “Yo no”, dijo el perro. “Yo no”, dijo el pavo. “Pues entonces”,
dijo la gallinita colorada, “lo haré yo. Clo-clo!”. Y ella cortó el trigo.
 
“¿Quién trillará este trigo?”, dijo la gallinita. “Yo no”, dijo el cerdo.
“Yo no”, dijo el gato. “Yo no”, dijo el perro. “Yo no”, dijo el pavo. “Pues entonces”,
dijo la gallinita colorada, “lo haré yo. Clo-clo!”. Y ella trilló el trigo.
 
“¿Quién llevará este trigo al molino para que lo conviertan en harina?”,
preguntó la gallinita. “Yo no”, dijo el cerdo. “Yo no”, dijo el gato.
“Yo no”, dijo el perro. “Yo no”, dijo el pavo. “Pues entonces”, dijo la gallinita colorada,
“lo haré yo. Clo-clo!”. Y ella llevó el trigo al molino y muy pronto volvió con una bolsa de harina.
 
“¿Quién amasará esta harina?”, preguntó la gallinita. “Yo no”, dijo el cerdo.
“Yo no”, dijo el gato. “Yo no”, dijo el perro. “Yo no”, dijo el pavo. “Pues entonces”,
dijo la gallinita colorada, “lo haré yo. Clo-clo!”   Y ella amasó la harina y horneó un rico pan.
 
“¿Quién comerá este pan?”, preguntó la gallinita. “Yo!”, dijo el cerdo. “Yo!”,
dijo el gato. “Yo!”, dijo el perro. “Yo!”, dijo el pavo. “Pues no”,
dijo la gallinita colorada. “Lo comeré YO. Clo- clo!”. Y se comió el pan con sus pollitos.

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17 mayo 2010 1 17 /05 /mayo /2010 12:44

Gotita-De-Agua.jpg

 

Este era un pobre campesino cuya única riqueza consistía en un pequeño campo sembrado de maíz.
Trabajaba todo el día en él, arrancando la hierba y enderezando las matas.
El campesino estaba triste porque, por falta de agua, las milpas estaban marchitas
y temía que se secaran. Un día, mientras veía el cielo con tristeza,
desde una buena nube dos gotas de agua lo miraron y una de ellas le dijo a la otra:
 
-El campesino está muy triste porque sus milpas se mueren de sed. Quiero hacerle algún bien.
 
-Sí - contestó la otra-, pero piensa que eres sólo una gota
y no conseguirás humedecer siquiera una mata de maíz.
 
-Bien -replicó la primera-, aun cuando soy pequeña haré lo que pueda.
 
Y al decirlo se desprendió de la nube. Aún no había llegado a la tierra,
cuando otra gotita dijo:
 
-Yo iré también.
 
-Y yo, y yo - gritaron muchas gotas.
 
A poco, miles de gotitas caían sobre las milpas en ruidoso aguacero.
Las milpas, agradecidas, se enderezaron enseguida y el campesino obtuvo una cosecha abundante de maíz.
Todo porque una pequeña gota de agua se decidió a hacerlo lo que podía.
 
Carmen Norma

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Presentación

  • : Olympia
  • : Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
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