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1 septiembre 2009 2 01 /09 /septiembre /2009 12:28

 

- Que tal viene el algodón?
 
- “Aquí no se da”. Respondió quejoso.
 
- ¿Y que tal las frutillas?
 
- “Aquí no se dan”. ¡Es una lastima! – Agrego.
 
- ¿Y los tomates?
 
- “No, aquí no se dan”. Contesto en el mismo tono.
 
- ¿Qué extraño! Respondio sorprendido el interlocutor, porque del otro lado de la costa, 
enfrente mismo de sus tierras, he visto abundantes plantaciones de algodón, frutillas y tomates.
 
- Ah, si… conozco el hecho. Explicó el hombre del campo, pero allá, es que los cultivan.

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31 agosto 2009 1 31 /08 /agosto /2009 12:08


Hola seño:
Soy aquél que nunca te lleva corregir, ni te entrega la carpeta para que te lleves.
Soy aquél que cuando preguntas algo, siempre se queda callado y no llama tu atención.
Soy aquél que nunca entiende cuando explicas y te mira serio y después cuando hay que hacer
alguna actividad no la hace. Aquél que nunca termina de copiar esos pizarrones llenos
y que cuando dictas no se me entiende la letra y no me sirve de nada todo lo que copié.
 
Soy aquél que lee lento, que cuando me haces leer en voz alta (eso sucede muy poco)
sufro tanto al notar que todos se cansan y me ayudan respirando profundo.
Yo sé que no puedo igual que todos, que te gustaría que fuera diferente,
lo noto en tu mirada y tus gestos. Me duele cuando pones cara de “no tiene remedio”
o “qué se le va a hacer”. Sé que sientes que hay días que molesto en clase
y que no sabes qué hacer, para colmo “no estoy para repetir”, como le dices a mamá.
 
Si supieras que mi día de estudio no termina en la escuela,
que al llegar a casa mamá lo primero que hace es preguntarme ansiosa cómo me fue,
si terminé todo; y ahí comienzan nuevamente los problemas. Pedir carpetas,
copiar todo lo que no hice en clase y hacer los deberes. Me canso mucho.
A veces tengo ganas de estar enfermo o que llueva mucho para no ir a la escuela.
Seño, si pudieras darte cuenta que no puedo igual que otros, pero que puedo a mi manera.
 
Si pudieras descubrirla, saber que me gusta leer sobre perros,
que espero el diario para leer el horóscopo a mi familia, que tengo una gran imaginación,
que me gusta la música y bailar, que soy muy responsable y perseverante
(sino no haría la carpeta dos veces por día).
Si pudieras descubrir lo que sé sin tener que hacerme un examen,
sin pensar que si tengo la carpeta completa o copié todo es que aprendí.
 
Si pudieras darme otro tipo de actividades que me interesarán más,
para que yo te pueda demostrar lo que sé.
Espero que puedas ayudarme y pueda aprender mucho, para eso voy a la escuela,
si supiera y aprendiera rebien no me haría falta; como le pasa ala compañera de delante
que sabe todo y se aburre tanto.
Seño, te quiero mucho, espero que esta carta exprese todas las cosas que he querido decirte
y no he podido.Un abrazo.

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30 agosto 2009 7 30 /08 /agosto /2009 14:16


Ya el sol se había puesto entre el enredo del bosque sobre los ríos.
Los niños de la ermita habían vuelto con el ganado y estaban sentados al fuego,
oyendo a su maestro Gautama, cuando llegó un niño desconocido y lo saludó con flores
y frutos. Luego, tras una profunda reverencia, le dijo con voz de pájaro:
 
"Señor Gautama, vengo a que me guíes por el Sendero de la Verdad.
 
Me llamo Satyakama"
 
"Bendito seas -dijo el Maestro- ¿Y de qué casta eres, hijo mío?
Porque sólo un brahmín puede aspirar a la suprema sabiduría".
 
Contestó el niño:
 
"No sé de qué casta soy, Maestro; pero voy a preguntárselo a mi madre".
 
Se despidió Satyakama, cruzó el río por lo más estrecho, y volvió a la choza de su madre,
que estaba al fin de un arenal, fuera de la aldea ya dormida.
La lámpara iluminaba débilmente la puerta, y la madre estaba fuera, de pie en la sombra,
esperando la vuelta de su hijo.
Lo cogió contra su pecho, lo besó en la cabeza y le preguntó qué le había dicho el Maestro.
 
"¿Cómo se llama mi padre? -dijo el niño- Porque me ha dicho el Señor Gautama
que sólo un brahmín puede aspirar a la suprema sabiduría".
 
La mujer bajó los ojos y le habló dulcemente:
"Cuando joven yo era pobre y conocí muchos amos.
Sólo puedo decirte que tú viniste a los brazos de tu madre Jabala, que no tuvo marido".
 
Los primeros rayos del sol ardían en la copa de los árboles de la ermita del bosque.
Los niños, aún mojado el revuelto pelo del baño de la mañana,
estaban sentados ante su Maestro, bajo un árbol viejo.
 
Llegó Satyakan, le hizo una profunda reverencia al Maestro y se quedó de pie en silencio.
 
"Dime -le preguntó el Maestro- ¿Sabes ya de qué casta eres?"
 
"Señor -contestó Satyakama-, no sé. Mi madre me dijo:
Yo conocí muchos amos cuando joven, y tú viniste a los brazos de tu madre Jabala,
que no tuvo marido".
 
Entonces se levantó un rumor como el zumbido iracundo de las abejas hostigadas en su colmena.
Y los estudiantes murmuraban entre dientes de la desvergonzada insolencia del niño sin padre.
Pero el Maestro Gautama se levantó, trajo al niño con sus brazos hasta su pecho, y le dijo:
 
"Tú eres el mejor de todos los brahmines, hijo mío;
porque tienes la herencia más noble, que es de la verdad".
 
Rabindranat Tagore

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29 agosto 2009 6 29 /08 /agosto /2009 12:07


Hace ya algún tiempo un hombre castigó a su pequeña hija de tres años por desperdiciar
un rollo de papel dorado para envoltura. El dinero le era escaso en esos días,
por lo que explotó en furia cuando vio a la niña tratando de envolver una caja.
 
A la mañana siguiente, la niña regaló a su padre la caja envuelta y le dijo:
“Esto es para ti, papito”. Él se sintió avergonzado, pero cuando abrió la caja
y la encontró vacía, otra vez gritó con ira:
“¿acaso no sabes que cuando se le da un regalo a alguien se supone que tiene que haber algo dentro?”
 
La pequeña volteó hacia arriba el rostro y con lágrimas en los ojos dijo:
“¡Oh, papito, no está vacía! Yo soplé un montón de besos dentro de esa caja y todos son para ti”.
 
El padre se sintió morir, rodeó con sus brazos el pequeño cuerpo de su hija
y le suplicó que lo perdonara.
 
Dicen que el hombre guardó esa caja dorada cerca de su cama por años
y que siempre que se sentía derrumbado, tomaba de ella un beso
y recordaba el amor que su hija había depositó ahí.
 
De alguna forma cada uno de nosotros hemos recibido alguna caja llena de amor incondicional
y de besos de nuestros hijos, amigos, familia...
 
Nadie poseerá jamás una propiedad más grande.

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28 agosto 2009 5 28 /08 /agosto /2009 11:17

 

Había una vez un rey cuya riqueza y poder eran tan inmensos,
como eran de inmensas su tristeza y desazón.
-Daré la mitad de mi reino a quien consiga ayudarme a sanar las angustias de mis tristes noches
- dijo un día.
 
Quizás más interesados en el dinero que podían conseguir que en la salud del Rey,
los consejeros de la corte decidieron ponerse en campaña y no detenerse hasta encontrar
la cura para el sufrimiento real. Desde los confines de la tierra mandaron traer a los sabios más prestigiosos y a los magos más poderosos de entonces, para ayudarles a encontrar el remedio buscado.
Pero todo fue en vano, nadie sabía cómo curar al monarca.
Una tarde, finalmente, apareció un viejo sabio que les dijo:
 
-si encontráis en el reino un hombre completamente feliz, podréis curar al rey.
Tiene que ser alguien que se sienta completamente satisfecho,
que nada le falte y que tenga acceso a todo lo que necesita.
-Cuando lo halléis- siguió el anciano- pedidle su camisa y traedla a palacio.
Decidle al rey que duerma una noche entera vestido solo con esa prenda.
Os aseguro que mañana despertará curado.
 
Los consejeros se abocaron de lleno y con completa dedicación a la búsqueda de un hombre feliz,
aunque ya sabían que la tarea no resultaría fácil.
En efecto, el hombre que era rico, estaba enfermo; el que gozaba de buena salud, era pobre.
Aquel, rico y sano, se quejaba de su mujer y ésta, de sus hijos.
Todos los entrevistados coincidían en que algo les faltaba para ser totalmente felices
aunque nunca se ponían de acuerdo en aquello que les faltaba.
Finalmente, una noche, muy tarde, un mensajero llegó al palacio.
 
Habían encontrado al hombre tan interesantemente buscado. Se trataba de un humilde campesino
que vivía al norte en la zona más árida del reino.
Cuando el monarca fue informado del hallazgo. Éste se llenó de alegría e inmediatamente
mandó que le trajeran la camisa de aquel hombre,
a cambio de la cual deberían darle al campesino cualquier cosa que pidiera.
 
Los envidos se presentaron a toda prisa en la casa de aquel hombre para comprarle la camisa y,
si era necesario –se decían- se la quitarían por la fuerza...
El rey tardó mucho en sanar en sanar de su tristeza.
De hecho su mal se agravó bastante cuando de que el hombre más feliz de su reino,
quizás el único totalmente feliz, era tan pobre, tan pobre...
que no tenía ni siquiera una camisa.

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27 agosto 2009 4 27 /08 /agosto /2009 13:49


En tiempos de Buda, murió el único hijo de una mujer llamada Kisgotami.
Incapaz de soporta siquiera la idea de no volver a verlo,
la mujer dejó el cadáver de su hijo en la cama y durante muchos días lloró
y lloró implorando a los dioses que le permitieran morir a su vez.
 
Como no encontraba consuelo, empezó a correr de una persona a otra en busca de una medicina
que le ayudara a seguir viviendo sin su hijo o, de lo contrario, a morir como él.
Le dijeron que Buda la tenía:
Kisagotami fue a ver a buda, le rindió homenaje y le preguntó:
 
-¿Puedes preparar una medicina que me sane este dolor o me mate para no sentirlo?
-Conozco esa medicina-contestó Buda-, pero para prepararla necesito ciertos ingredientes.
-¿qué ingredientes?-Preguntó la mujer.
-El más importante es un vaso de vino casero- dijo Buda.
-Ya mismo lo traigo- Dijo Kisagotami. Pero antes de que se marchara, Buda añadió:
 
-Necesito que el vino provenga de un hogar donde no haya muerto ningún niño, cónyuge,
padre o sirviente.
La mujer asintió y, sin perder tiempo, recorrió el pueblo, casa por casa, pidiendo el vino.
Sin embargo, en cada casa que visitaba le sucedía lo mismo.
Todos estaban dispuestos a regalarle el vino, pero al preguntar si había muerto alguien,
ella encontró que todos los hombres habían sido visitados por la muerte.
 
En una vivienda había muerto una hija, en otra un sirviente, en otra un sirviente,
en otras el marido o alguno de los padres.
Kisagotami no pudo hallar un hogar donde no se hubiera experimentado el sufrimiento de la muerte.
Al darse cuenta de que no estaba sola en su dolor,
la madre se desprendió del cuerpo sin vida de su hijo y fue a ver a Buda.
Se arrodilló frente a él y le dijo:-Gracias... comprendí

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26 agosto 2009 3 26 /08 /agosto /2009 12:17


Una vez el pequeño niño fue a la escuela. Era muy pequeñito y la escuela muy grande.
Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar
por la puerta del frente, se sintió feliz.
Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo:
Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar,
él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes.
Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar.
 
Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de empezar,
y ella esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra,
vamos a dibujar flores. ¡Qué bueno! - pensó el niño, - me gusta mucho dibujar flores,
y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores.
Pero la maestra dijo: - Esperen, yo les enseñaré cómo,
y dibujó una flor roja con un tallo verde. El pequeño miró la flor de la maestra
y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra,
 
pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra.
Otro día cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo:
Hoy vamos a hacer algo con barro. ¡Qué bueno! pensó el niño, me gusta mucho el barro.
Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos,
camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro.
 
Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de comenzar y luego esperó a que todos
estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a moldear un plato. ¡Qué bueno! pensó el niño.
A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños.
Pero la maestra dijo: -Esperen, yo les enseñaré cómo y ella les enseñó a todos cómo hacer
un profundo plato. -Aquí tienen, dijo la maestra, ahora pueden comenzar.
El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo.
 
A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra.
Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar,
a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas.
Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela.
En su primer día de clase, la maestra dijo:
Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno pensó el pequeño niño y esperó que la maestra
le dijera qué hacer.
 
Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba dentro del salón.
Cuando llegó hasta el pequeño niño ella dijo:
¿No quieres empezar tu dibujo? Sí, dijo el pequeño ¿qué vamos a hacer?
No sé hasta que tú no lo hagas, dijo la maestra. ¿Y cómo lo hago? - preguntó.
Como tú quieras contestó. ¿Y de cualquier color? De cualquier color dijo la maestra.
Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores,
¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo? Yo no sé, dijo el pequeño niño,
y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.
 
 
Helen Buckley

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25 agosto 2009 2 25 /08 /agosto /2009 12:29


El yoga Ramakrishna ilustra, mediante una parábola,
la intensidad del deseo que debemos tener:
El maestro llevó al discípulo a las proximidades de un lago.
Hoy voy a enseñarte qué significa verdadera devoción – dijo.
 
Le pidió al discípulo que entrase con él en el lago y, sujetándole la cabeza,
se la empujó bajo el agua.
Transcurrió todo un minuto y, a mitad del segundo,
el muchacho comenzó a debatirse con todas sus fuerzas para librarse de la mano del maestro
y poder volver a la superficie.
 
Al final del segundo minuto, el maestro lo soltó. El muchacho, con el corazón acelerado,
consiguió erguirse, jadeante.
¡Usted ha querido matarme! – gritaba.
El maestro esperó a que se calmara, y dijo:
- Si hubiera querido matarte, lo habría hecho.
 
Sólo quería preguntarte qué sentías mientras estabas bajo el agua.
- ¡Yo sentía que me moría! ¡Todo lo que deseaba en esta vida era respirar un poco de aire!
- Se trata de eso exactamente.
La verdadera devoción sólo aparece cuando tenemos un único deseo
y llegaremos a morir si no conseguimos realizarlo.
 
 
Paulo Coelho

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24 agosto 2009 1 24 /08 /agosto /2009 18:58


Un sabio, cierta tarde, llegó a la ciudad de Akbar.
La gente no dio mucha importancia a su presencia,
y sus enseñanzas no consiguieron interesar a la población.
Incluso después de algún tiempo llegó a ser motivo de risas
y burlas de los habitantes de la ciudad.
 
Un día, mientras paseaba por la calle principal de Akbar,
un grupo de hombres y mujeres empezó a insultarlo. En vez de fingir que los ignoraba,
el sabio se acercó a ellos y los bendijo.
 
Uno de los hombres comentó:
 
- "¿Es posible que, además, sea usted sordo?
¡Gritamos cosas horribles y usted nos responde con bellas palabras!".
 
"Cada uno de nosotros sólo puede ofrecer lo que tiene" -fue la respuesta del sabio-.

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23 agosto 2009 7 23 /08 /agosto /2009 13:37


Uno de los niños de una clase de educación infantil preguntó:
Maestra… ¿qué es el amor?
La maestra sintió que la criatura merecía una respuesta que estuviese a la altura
de la pregunta inteligente que había formulado. Como ya estaban en la hora del recreo,
pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio de la escuela
y trajeran cosas que invitaran a amar o que despertaran en ellos ese sentimiento.
Los pequeños salieron apresurados y, cuando volvieron, la maestra les dijo:
 
Quiero que cada uno muestre lo que ha encontrado.
El primer alumno respondió:
 
Yo traje esta flor… ¿no es bonita?
A continuación, otro alumno dijo:
 
- Yo traje este pichón de pajarito que encontré en un nido… ¿no es gracioso?
 
Y así los chicos, uno a uno, fueron mostrando a los demás lo que habían recogido en el patio.
 
Cuando terminaron, la maestra advirtió que una de las niñas no había traído nada
y que había permanecido en silencio mientras sus compañeros hablaban.
Se sentía avergonzada por no tener nada que enseñar.
 
La maestra se dirigió a ella:
 
Muy bien, ¿y tú?, ¿no has encontrado nada que puedas amar?
La criatura, tímidamente, respondió:
 
- Lo siento, seño. Vi la flor y sentí su perfume,
pensé en arrancarla pero preferí dejarla para que exhalase su aroma durante más tiempo.
Vi también mariposas suaves, llenas de color,
pero parecían tan felices que no intenté coger ninguna. Vi también al pichoncito en su nido,
pero…, al subir al árbol, noté la mirada triste de su madre y preferí dejarlo allí…
 
Así que traigo conmigo el perfume de la flor, la libertad de las mariposas
y la gratitud que observé en los ojos de la madre del pajarito.
¿Cómo puedo enseñaros lo que he traído?
 
La maestra le dio las gracias a la alumna y emocionada le dijo que había sido la única
en advertir que lo que amamos no es un trofeo y que al amor lo llevamos en el corazón.
 
El amor es algo que se siente.
 
Hay que tener sensibilidad para vivirlo.

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  • : Olympia
  • : Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
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