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22 junio 2010 2 22 /06 /junio /2010 11:11

La-Junta-de-Los-Ratones.jpg

 

Una vez se juntaron los ratones para hablar de cosas importantes.
-Nuestra suerte sería feliz si no fuera por el gato -dijo uno.
-Sí, ¡maldito gato! - dijo otro.
-Vivimos asustados, temblando todo el tiempo.
-Ya no podemos más
 
-Nunca podemos comer a gusto.
-El gato llega tan callado...
-Y da unos saltos tan enormes y tan rápidos...  
Otros muchos ratones tomaron la palabra, y a veces hablaban varios al mismo tiempo.
Pero a nadie se le ocurría la manera de evitar tamaños sustos.
 
De repente, por encima de todas las voces, se oyeron los gritos de un ratón que tenía fama de inteligente:
-¡Yo sé lo que hay que hacer! Tengo en mi agujero un cascabel que suena muy bien.
¡Ése es el remedio! Basta esperar que el gato esté dormido y colgarle el cascabel al cuello.
Así, cada vez que el gato nos ande buscando, él mismo nos avisará y podremos escapar a tiempo.
El discurso fue un gran éxito. Unos abrazaban al orador, otros lo besaban, otros le daban palmaditas,
 
otros le decían palabras de felicitación, y todo los demás aplaudían.
Pero había un ratón viejito que no aplaudía ni nada. Le preguntaron por qué, y él contestó:
-La idea no es mala, pero aplaudiré cuando sepa una cosa:
quién se animará a ponerle el cascabel al gato.
 
Autor: Desconocido

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17 junio 2010 4 17 /06 /junio /2010 11:12

La-Jirafa-Y-El-Leoncito.jpg

 

Una enorme jirafa se acercó a beber en un río.
Miró alrededor por si había cerca algún león. Tenía que tener cuidado,
ya que muchas veces los leones las atacaban cuando estaban bebiendo.
Abrió sus patitas delanteras para poder bajar su largo cuello y se acercó al agua.
Allí, vió una sombra y se asustó un poco, enseguida observó que un pequeño león se escondía en un arbusto.
Era Leonín, un pequeño león que se había perdido.
 
Leonín, miró hacia el cuello de la gran jirafa que parecía no acabarse nunca.
Cuando al fin vió su cara, unos enormes ojos negros le miraban.
El leoncito giró su cabeza y agachó las orejas.
Avanzó la jirafa, a paso lento y tranquilo, hacia él, le tendió la patita.
El león la acarició y ambos perdieron el miedo.
 
La jirafa le preguntó: - ¿Cómo estás tan lejos de tu casa?.
Verás, le dijo el león.
¡Me perdí, por salir corriendo detrás de una gacela!.
¡Sólo quería jugar!.
¡Corrí muy veloz hasta quedar agotado!.
 
¿Qué ocurrió después?.
La gacela se espantó y yo me quede en este lugar.
Estaba muy asustado, pero soy un león valiente, ¡no quería llorar!.
¡Estoy tan cansado, dijo el leoncito.
Ven, vamos hasta aquel árbol, - le dijo la jirafa – allí descansaremos.
 
El león se acurrucó entre las patitas de la jirafa y se quedó dormido junto a ella.
Juntitos muy juntitos para darse calor.
saron largos días, la jirafa cuidaba de él, le alimentaba y le daba cariño como si fuera su mamá.
Un día le explicó que tal vez, dentro de un tiempo tendría que volver con los demás leones,
pues era lo mejor para el leoncito.
 
Una mañana, el león bebía en el río, cuando unos leones se acercaron a él.
La jirafa les observaba desde un alto. Contempló como el león se había encariñado con ellos.
Había llegado el momento de partir.
Ella vió como se alejaba el leoncito para siempre, pero a pesar de todo estaba feliz,
porque él, había encontrado a su nueva familia.
 
Autor: Marisa Moreno

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15 junio 2010 2 15 /06 /junio /2010 11:54

Juan-Y-Su-Pizza.jpg

 

Una tarde, Juan del 6to piso, del barrio de Trompúmedes,
le dijo a su mujer que iba a salir a tomar aire.
Mientras bajaba las escaleras, se topó con un señor que él nunca había visto.
El hombre parecía apresurado. Esto le llamó la atención a Juan quién dijo:
-Disculpe señor, ¿me podría decir cómo entró a este edificio?
-Creo que no es asunto suyo - respondió el señor.
 
- Todo lo que pasa en mi edificio es asunto mío, además cómo sé yo que usted no es un ladrón - dijo Juan.
- Para su información, a mí me mandaron a traer una pizza, no a robar - respondió el señor
-No me voy a quedar tranquilo hasta que me muestre la pizza y la moto - dijo Juan.
-No tengo moto, soy de acá a la vuelta, puedo venir caminando, si me acompaña le muestro la pizza,
tome - respondió el señor algo agotado mientras le daba un imán de donde trabajaba.
Juan lo leyó y vio que decía "Solopizzas, un mundo de sabor".
 
El señor guió a Juan hasta donde tenía apoyada su pizza.
Juan se enfureció al ver que la pizza se encontraba sobre el felpudo de la entrada.
-Espero que tengas una explicación - dijo Juan elevando el tono.
-Es para subir más rápido las escaleras, además no puedo tocar el timbre con las manos ocupadas - contestó el señor.
-¡¿Le parece que puede dejar la pizza encima del felpudo?! - gritó Juan rojo de ira.
- Enseguida la retiro - respondió el hombre.
 
Juan se quedó junto a él para fijarse si había hecho lo que dijo.
Una hora mas tarde.....
El señor había lavado el felpudo para que Juan estuviese satisfecho.
Se dirigían hacia el piso donde debía ser entregada la pizza, mientras charlaban.
Juan le preguntó al hombre a qué piso iba y éste le respondió que al sexto.
 
Juan, algo exaltado, le dijo que él vivía allí.
Mientras discutían llegaron al 6to piso. Juan no lo dejo entrar y le cerró la puerta en la cara.
La esposa le preguntó por qué había tardado tanto y él le respondió que no importaba.
Luego de dos minutos Juan le preguntó qué iban a comer
y su mujer le contestó que había encargado una pizza que estaría por llegar.
 
Joaquín Pico Piñeyro

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11 junio 2010 5 11 /06 /junio /2010 12:00

El-Jazmin-de-la-Princesa.jpg

 

La princesa tenía un jazmín que vivía con su mismo aliento. Se lo había regalado la luna.
La princesa tenía ocho o nueve años pero nunca la habían dejado salir sola de palacio.
Y tampoco la llevaban donde ella quería. Un día dijo a su flor:
– Jazmín, yo quiero ir a jugar con la hija del carbonero sin que lo sepa nadie.
– Ve, niña, si así lo quieres. Yo te guardaré la voz mientras vuelves.
La niña salió dando saltos. El carbonero vivía al principio del bosque.
 
Pronto la Reina echó de menos a su hija y la llamó:
– Margarita, ¿dónde estás?
– Aquí, mamá –dijo el Jazmín imitando la voz de la princesa.
Pasó un rato y la Reina volvió a llamar:
– Margarita, ¿dónde estás?
– Aquí, mamá –contestó el Jazmín.
 
El principito, hermano de Margarita, llegó del jardín. Era mayor que su hermana y ya cuidaba de ella.
– Mamá ¿no está Margarita?
– Sí, hijo.
– ¿Dónde?
La Reina llamó a su hija y el jazmín contestó como siempre.
El príncipe se dirigió al lugar de donde venía la voz pero no vio a nadie.
 
La Reina repitió la llamada y el jazmín contestó. Pero pudieron comprobar que la niña no estaba,
ni allí ni en ninguna parte. Avisaron al Rey. Vinieron los cortesanos.
Llegaron los guardias y los criados. Todo el palacio se puso en movimiento.
Había que encontrar a la niña. La gente corría de un lado para otro en medio de la mayor confusión.
La Reina lloraba. El Rey se mesaba los cabellos.
La Reina volvió a llamar esperanzada.
 
– Margarita, ¿dónde estás, hija?
– Aquí, mamá.
Se dieron cuenta de que la voz salía de la flor.
El Rey dijo que echaran el jazmín al fuego porque debía estar embrujado;
pero la princesa llegó a tiempo para recogerlo.
Su hermano le dijo autoritario:
 
– ¡Entrega esa flor!
– ¡No la doy! Es mi jazmincito. Me lo regaló la luna. –Y lo apretó contra el pecho.
– Una flor que habla tiene que estar hechizada –dijo un palaciego.
– No la doy.
El Rey ordenó:
– Quitadle la flor a viva fuerza.
 
Y la niña, rápidamente, se la tragó. El jazmín, no se sabe cómo,
se le aposentó en el corazón. Allí lo sentía la niña.
Todos lloraban porque decían que la princesa se había tragado un misterio.
Y que vendrían muchos males a ella y al Reino. Pero no.
Sólo que, a la Princesa Margarita, se le quedó para toda la vida la voz perfumada.

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9 junio 2010 3 09 /06 /junio /2010 11:43

El-Jardin-De-Los-Ruisenores.jpg

 

La primavera había llegado, el jardín se empezaba a llenar de flores.
Todas las tardes la niña esparcía migas de pan viejo para los pajaritos que estaban hambrientos,
cerca de la fuente, al lado del columpio y entre las cañas.
Como cada tarde, se sentó en la larga mesa rústica del jardín, y muy quietita esperó
que llegaran los sus pequeños amiguitos. El ruiseñor se posó junto a la niña,
que divertida y extrañada le preguntó:
 
Hola, pajarito lindo, ¿No tienes miedo de mi?
El ruiseñor cantó un poquito a modo de respuesta, dando saltitos para adelante y para atrás.
Se incorporó suavemente y se encaminó hacia la cocina, el avecilla revoloteó delante
de la pequeña cantando fuertemente a la vez que volvía a la mesa,
repitiéndolo varias veces sin dejar entrar a la chiquilla.
Pero... ¿Qué te pasa?, le preguntó, aunque no sabía como haría para entender la respuesta cantora.
 
El animalito voló rasante por encima de la mesa y volviendo por debajo de la misma,
cantó y cantó, altisonantemente. La niña se sentó donde estaba antes.
Parecía quererla llevar, a tironcitos con el pico a algún lado, estiraba de su blusa
y cantaba siempre los mismos tonos y el mismo ritmo: tiru-tu-tití tiru-tu-tití
Se levantó al mismo tiempo que el pajarito volaba algo más lejos y volvía hacia ella
con el mismo: tiru-tu-tití tiru-tu-tití cada vez que revoloteaba cera de su nariz.
 
¡Está bien! ¡Está bien!, dijo la niña, ya te sigo, ¿a dónde quieres llevarme?
El pajarito volaba indicándole el camino. La niña trepó y trepó al árbol y el canto del ruiseñor
había cambiado, sonaba más triste: Titi-tííí-tu Titi-tííí-tu
Al mirar entre las hojas, descubrió un nido del que casi no se oía nada,
intentó llegar más cerca, y vió algo muy triste: un montón de hijitos de la Ruiseñora que piaban bajito,
bajito, y otros que quizas estaban durmiendo o muertos... La mamá pájara se paró encima
del nido cantando muy muy triste.
 
¿Qué le pasa a tus hijitos? preguntó apenada, ¿es que nunca llegas al pan de la tarde?
Bueno, espera que ahora voy a ayudarte, le dio esperanzas a la triste pájara.
Bajó cautelosamente y corriendo entró en la cocina, casi gritando le dijo a su madre:
¡Mamá, mamá tenemos que salvarlos, hay que hacer algo!, decía atolondradamente,
los-hijitos-de-la-ruiseñora -están-muy-enfermos -quizas-muertos-algunos..., tomó aire agitada.
Calma Margarita, ¿de quién hablas, qué pasa?, le contestó tranquilizadora la madre
agachándose a la altura de la niña.
 
A la ruiseñora no la han dejado comer pan los pájaros grandes, como ella es tan pequeñita,
y ahora han nacido sus pichones, están todos muy débiles, algunos creo que están...
muriéndose, dijo muy bajito como si no quisiera decir esta palabra.
La madre le dio un buen tazón con alpiste, un plato profundo con pan viejo mojado y algunas galletas.
Margarita salió como un rayo hacia el árbol, fue trepando con una cosa por vez
y las fue acomodando lo más cerca que pudo del nido, llamó a la ruiseñora
y enseguida se llenó de un alegre trinar cuando vio el banquete que tenía sólo para su familia. 
 
Cada tarde Margarita traía nuevas proviciones al árbol e igual que si fuera una doctora
de pajaritos le preguntaba a la ruiseñora cómo se encontraban los pequeñuelos,
tarde a tarde se oía un coro cada vez más vigoroso en el árbol.
Hasta que una tarde, cuando Margarita estaba sentada en la mesa --donde vio a la ruiseñora
por primera vez--, aparecieron todos sus pequeños pacientes,
crecidos y fuertes a cantarle la más bella canción del Ruiseñor.

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7 junio 2010 1 07 /06 /junio /2010 12:28

La-Injusticia-De-La-Mera-Sospecha.jpg

 

Un hombre perdió un hacha. De inmediato sospechó que el hijo del vecino se la había robado.
Cuando veía pasar al niño, el niño tenía apariencia de haber robado un hacha;
cuando escuchaba sus palabras, oía a un niño que había robado un hacha.
Todos los actos y modales del niño indicaban que era el ladrón.
 
Más tarde, mientras cavaba una zanja, el hombre encontró el hacha perdida.
Al día siguiente vio de nuevo al hijo del vecino, pero en sus actos
y modales no había rastros del niño que había robado un hacha.
El niño no había cambiado, sino el hombre.
Y el único motivo de ese cambio radicaba en su sospecha.
 
(Cuento tradicional chino)
 
Versión de Warren Horton Stuart

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3 junio 2010 4 03 /06 /junio /2010 08:14

La-Increible-Historia-Del-Ninon-Goloson.jpg

 

Érase una vez un niño muy mal comedor. Siempre protestaba por las comidas que le hacía su mamá
en especial odiaba las verduras y el pescado. El siempre decía que estaría todo el día
comiendo dulces, tartas de manzana y  pasteles de chocolate, también disfrutaría
devorando pastelitos de cabello de ángel,  cañas de crema,  bollitos, buñuelos de viento
y tortas de anís que lo volvían loco y croissant de chocolate y...  Basta!!! dijo la madre
un día que el niño se negaba rotundamente a cenar su plato de verduras y pescado,
 
si no te acabas el plato te irás a la cama sin postre. Y como el niño no probó bocado
se fue a su habitación sin más. Y allí estaba maldiciendo su plato de verduras con pescado.
¡¡¡Ojalá no tuviera que comer verduras y pescado nunca más!!! Me pasaría la vida comiendo dulces...
De repente ante sus ojos apareció una hermosa señora que no era otra que su hada madrina
y le dijo: "he venido a concederte este deseo que acabas de formular, a partir de ahora
no tendrás que comer nada más que dulces y pasteles como a ti te gustan".
 
"¿De verdad, hadita, no tendré que comer nunca más pescado ni verduras ni garbanzos?"
"Nunca más pequeño, a partir de ahora todos los alimentos que toques se convertirán
en deliciosos productos de pastelería" y, después de despedirse, desapareció con la misma
facilidad con que había aparecido. Al día siguiente el niño comprobó que su deseo
se había hecho realidad. El desayuno consistió en un tazón de chocolate con nata acompañado
por unos churros calientes. Al mediodía no tuvo menos suerte, un surtido de tartas
y pastelitos lo esperaban encima de la mesa mientras el resto de la familia se comía
 
su plato de patatas con carne  estofada. Al niño le supo mal no poder probar aquel plato
que era uno de sus favoritos pero no se quejó puesto que prefería seguir con lo suyo.
Y a la hora de la cena un pastel de moras y una natilla se comió. Y así fue al día siguiente
y al otro hasta que un día se quedó desganado. "¿Que hay para comer mamá?"
" Hoy tienes tarta de nueces con chocolate" "No me apetece mamita, ¿no hay nada más?"
"Tienes pastel de moras o tarta de chocolate o natillas de vainilla o...
 
"No sigas mamá, no tengo más hambre". En aquel momento la familia estaba comiéndose
un plato de verduras y el niño observó como humeaban aquellas patatas,
las verdes acelgas que se adivinaban tiernas, aquellas zanahorias de color intenso
y los brillantes guisantes todo regado con aceite de oliva virgen y también miraba
la cola de merluza adornada con rodajitas de limón y las rebanadas de pan crujiente.
Pero en cuanto intentaba tocar algo, inmediatamente se convertía en un delicioso pastel. 
 
El niño se levantó disgustado y corrió hacia su habitación llorando.
"Hadita, hadita buena, donde estás quiero comer un plato de verduras y pescado
como los demás". La hada madrina que era muy comprensiva acudió a su llamada.
"Estas seguro de que ya no quieres comer dulces todos los días". "Estoy seguro,
quiero comer como todos y de vez en cuando... un dulce". Y así fue.
Cuentan que a partir de entonces fue un fantástico gourmet.
 
Nuria Roch Royo

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2 junio 2010 3 02 /06 /junio /2010 11:46

El-huevo-mas-bonito-del-mundo.jpg

 

Había una vez tres gallinas que se llamaban PETIPUÁ ,POLIPASTA Y PULCHINELA.
Siempre estaban discutiendo entre ellas sobre cual de las tres era la más bella.
PETIPUÁ poseía el más hermoso plumaje.
POLIPASTA tenía las patas más bonitas y
PULCHINELA lucía la más preciosa de las crestas.
 
Como no lograban ponerse de acuerdo decidieron ir a pedir consejo al rey.
"La belleza depende de valores internos" dijo el rey.
"La que ponga el huevo más bonito será la triunfadora, y será mi princesa"
El rey salió al jardín y todas las gallinas de su reino le siguieron.
PETIPUÁ empezó a cacarear la primera.Se acurrucó cuidadosamente con su hermoso plumaje
sobre la hierba húmeda. Al cabo de poco tiempo volvió a levantarse y se colocó a un lado.
 
Todos se quedaron sin habla. No habían visto nada semejante en su vida.
Ante ellos se veía un huevo de gallina blanco como la nieve, inmaculado, sin defecto alguno,
con una cáscara como el mármol pulimentado. ¡ Más perfecto no es posible ! exclamó el rey.
Y todas las gallinas, todas, asintieron. Cuando POLIPASTA empezó a cacarear,
se compadecían de élla. Un huevo más perfecto que el de PETIPUÁ no se podía poner, era imposible.
 
De pronto el rey batió palmas estrepitosamente de tanta alegría:
ante él se alzaba un hhuevo de gallina tan grande y pesado que incluso hubiera causado
la envidia de un avestruz. ¡ Más grande no es posible! exclamó el rey.
Y todas las gallinas, todas, asintieron.
Mientras estaban aún asintiendo, se acurrucó PULCHINELA . La compadecieron mucho,
puesto quo no se podía poner ya ni un huevo tan perfecto ni un huevo tan grande. Era imposible.
 
PULCHINELA apenas cacareo. Se sentó allí delante, toda modesta con la mirada baja. Era su estilo.
Después de un rato se levantó. Ante el público había un huevo de gallina del que se oirá
hablar dentro de cien años: ¡un huevo cúbico!. Los bordes eran ¡rectos! como si se hubieran
trazado con regla, y en cada cara resplandecía un color diferente.
¡Más fantástico no es posible! exclamó el rey. Y todas las gallinas, todas, asintieron.
Era imposible decir que huevo era el más bonito. Tampoco el rey lo sabía.
Asi es que decidió que las tres, PETIPUA, POLIPASTA Y PULCHINELA fueran sus princesas.
 
Autor: Vicen

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1 junio 2010 2 01 /06 /junio /2010 11:22

Historia-De-Luna.jpg

 

Cuando la luna quiso descansar un poco, fue un problema encontrar quien tome su lugar,
sin ella las noches serian oscuras y tristes, pensó en pedirle al sol,
le pidió que tome su turno una vez al mes y ella tomaría el suyo también,
pero el sol le dijo que su luz era muy brillante para la noche y la de ella muy débil para el día.
La luna le dio la razón y siguió buscando.
 
Pensó en pedírselo al halcón, pero le dijo que ella pasaba muy lento por el cielo
y el no podía seguirle el paso, además que el no es blanco.
Se lo pidió entonces a la gaviota, ella parece flotar en la brisa marina y es blanca,
pero la gaviota le dijo que no era un ave nocturna.
Le pregunto a las nubes, pero ellas le dijeron que en la noche no son blancas.
 
Siguió buscando por todos lados pero todos le ponían una excusa. Para no hacerlo
La luna estaba muy triste, ¡Ella quería un descanso!
Cuando la Luna se iba a pone a llorar, las estrellas se acercaron y hablaron con ella...
“Querida Luna, si pusieses atención y escucharas nuestro consejo,
tu podrías descansar un día al mes como quieres, y es tan fácil que lo logres.
 
Cada noche desaparece un poquito, pero solo un poquito, hasta que una noche seas
solo un rayo de pálida luz y desaparezcas la siguiente noche,
así podrás descansar esa noche y nosotras brillaremos mas intensamente para que nadie
te extrañe en la tierra. La luna se puso muy contenta y siguió en consejo de las estrellas.
Desde entonces, cada noche la luna desaparece un poco y cuando no la vemos las estrellas
brillan mas intensamente y no la extrañamos por esa noche
 
Autor: MioCaruso

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31 mayo 2010 1 31 /05 /mayo /2010 12:15

Historia-de-los-dos-que-sonaron.jpg

 

Cuentan hombres dignos de fe que hubo en El Cairo un hombre poseedor de riquezas,
pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió menos la casa de su padre,
y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan.
 
Trabajó tanto que el sueño lo rindió una noche debajo de una higuera de su jardín
y vio en el sueño un hombre empapado que se sacó de la boca una moneda de oro
y le dijo: "Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla".
A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros
del desierto, de las naves, de los piratas, de los idólatras, de los ríos,
de las fieras y de los hombres.
 
Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche
y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la mezquita,
una casa y por decreto de Alá Todopoderoso, una pandilla de ladrones atravesó la mezquita
y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron con el estruendo de los ladrones
y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos
de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea.
 
El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de El Cairo
y le menudearon tales azotes con varas de bambú que estuvo cerca de la muerte.
A los dos días recobró el sentido en la cárcel. El capitán lo mandó buscar y le dijo:
"¿Quién eres y cuál es tu patria?" El otro declaró: "Soy de la ciudad famosa de El Cairo
y mi nombre es Mohamed El Magrebí". El Capitán le preguntó: "¿Qué te trajo a Persia?"
El otro optó por la verdad y le dijo: "Un hombre me ordenó en un sueño que viniera a Isfaján,
porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y veo que esa fortuna que prometió
deben ser los azotes que tan generosamente me diste".
 
Ante semejantes palabras, el capitán se rió hasta descubrir las muelas del juicio
y acabó por decrile: "Hombre desatinado y crédulo, tres veces he soñado con una casa
en la ciudad de El Cairo, en cuyo fondo hay un jardín, y en el jardín un reloj de sol
y después del reloj de sol una higuera y luego de la higuera una fuente,
y bajo la fuente un tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira.
Tú, sin embargo, engendro de mula con un demonio, has ido errando de ciudad en ciudad,
bajo la sola fe de tu sueño. Que no te vuelva a ver en Isfaján. Toma estas monedas y vete."
 
El hombre las tomó y regresó a su patria. Debajo de la fuente de su jardín
(que era la del sueño del capitán) desenterró el tesoro. Así Alá le dio bendición y lo recompensó.

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Presentación

  • : Olympia
  • : Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
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