Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
20 marzo 2010 6 20 /03 /marzo /2010 13:54

El-Cofre-De-Vidrio-Roto.jpg

 
Érase una vez un anciano que había perdido a su esposa y vivía solo.
Había trabajado duramente como sastre toda su vida, pero los infortunios
lo habían dejado en bancarrota, y ahora era tan viejo que ya no podía trabajar.
Las manos le temblaban tanto que no podía enhebrar una aguja, y la visión se le había enturbiado
demasiado para hacer una costura recta. Tenía tres hijos varones,
pero los tres habían crecido y se habían casado, y estaban tan ocupados con su propia vida
que sólo tenían tiempo para cenar con su padre una vez por semana.
 
El anciano estaba cada vez más débil, y los hijos lo visitaban cada vez menos.
-No quieren estar conmigo ahora -se decía- porque tienen miedo de que yo me convierta en una carga.
Se pasó una noche en vela pensando qué sería de él y al fin trazó un plan.
A la mañana sigúiente fue a ver a su amigo el carpintero y le pidió que le fabricara un cofre grande.
Luego fue a ver a su amigo el cerrajero y le pidió que le diera un cerrojo viejo.
Por último fue a ver a su amigo el vidriero y le pidió todos los fragmentos de vidrio roto que tuviera.
 
El anciano se llevó el cofre a casa, lo llenó hasta el tope de vidrios rotos,
le echó llave y lo puso bajo la mesa de la cocina. Cuando sus hijos fueron a cenar,
lo tocaron con los pies. -¿Qué hay en ese cofre? preguntaron, mirando bajo la mesa.
-Oh, nada -respondió el anciano-, sólo algunas cosillas que he ahorrado.
Sus hijos lo empujaron y vieron que era muy pesado. Lo patearon y oyeron un tintineo.
-Debe estar lleno con el oro que ahorró a lo largo de los años -susurraron.
 
Deliberaron y comprendieron que debían custodiar el tesoro. Decidieron turnarse para vivir
con el viejo, y así podrían cuidar también de él. La primera semana el hijo menor
se mudó a la casa del padre, y lo cuidó y le cocinó. A la semana siguiente lo reemplazó
el segundo hijo, y la semana siguiente acudió el mayor. Así siguieron por un tiempo.
Al fin el anciano padre enfermó y falleció.
Los hijos le hicieron un bonito funeral, pues sabían que una fortuna los aguardaba
bajo la mesa de la cocina, y podían costearse un gasto grande con el viejo.
 
Cuando terminó la ceremonia, buscaron en toda la casa hasta encontrar la llave,
y abrieron el cofre. Por cierto, lo encontraron lleno de vidrios rotos.
-¡Qué triquiñuela infame! -exclamó el hijo mayor-. ¡Qué crueldad hacia sus hijos!
-Pero, ¿qué podía hacer? -preguntó tristemente el segundo hijo-. Seamos francos.
De no haber sido por el cofre, lo habríamos descuidado hasta el final de sus días.
 
-Estoy avergonzado de mí mismo -sollozó el hijo menor-. Obligamos a nuestro padre
a rebajarse al engaño, porque no observamos el mandamiento que él nos enseñó cuando
éramos pequeños. Pero el hijo mayor volcó el cofre para asegurarse de que no hubiera
ningún objeto valioso oculto entre los vidrios. Desparramó los vidrios en el suelo
hasta vaciar el cofre. Los tres hermanos miraron silenciosamente dentro,
donde leyeron una inscripción que el padre les había dejado en el fondo:
 
"Honrarás a tu padre y a tu madre."
 
Autor: William J.Bennett

Compartir este post
Repost0
19 marzo 2010 5 19 /03 /marzo /2010 16:12

El-Ciervo-Engreido.JPG

 
Erase una vez... un ciervo muy engreído. Cuando se detuvo para beber en un arroyo,
se contemplaba en el espejo de sus aguas. "¡Qué hermoso soy!", se decía,
¡No hay nadie en el bosque con unos cuernos tan bellos!" Como todos los ciervos,
tenía las piernas largas y ligeras, pero él solía decir que preferiría romperse
una pierna antes de privarse de un solo vástago de su magnífica cornamenta.
 
¡Pobre ciervo, cuan equivocado estaba! Un día, mientras pastaba tranquilamente
unos brotes tiernos, escuchó un disparo en la lejanía y ladridos de perros...!
¡Sus enemigos! Sintió temor al saber que los perros son enemigos acérrimos de los ciervos,
y dificilmente podría escapar de su persecución si habían olfateado ya su olor.
¡Tenía que escapar de inmediato y aprisa! De repente, sus cuernos se engancharon
en una de las ramas más bajas. Intentó soltarse sacudiendo la cabeza,
 
pero sus cuernos fueron aprisionados firmemente en la rama.
Los perros estaban ahora muy cerca. Antes de que llegara su fin,
el ciervo aún tuvo tiempo de pensar:
"¡Que error cometí al pensar que mis cuernos eran lo más hermoso de mi físico,
cuando en realidad lo más preciado era mis piernas que me hubiesen salvado,
no mi cornamenta que me traicionó"

Compartir este post
Repost0
18 marzo 2010 4 18 /03 /marzo /2010 15:25

El-Ciempies-Bailarin.gif

 
Jimmy el ciempiés, vivía cerca de un hormiguero.
Su gran afición era bailar. Tenía unas patitas ágiles como las plumas.
Le encantaba subirse encima del hormiguero y empezar a taconear.
Jimmy cantaba: ¡Ya está aquí, el mejor, el más grande bailaor!.
Era muy molesto oír tantos pies, retumbando y retumbando sobre el techo del hormiguero.
 
Las hormigas asustadas salían para ver lo que ocurría.
El ciempiés seguía cantando: ¡Ya está aquí, el mejor, el más grande bailaor!.
¡Otra vez Jimmy!. decía: la hormiga jefe. ¡No podemos trabajar, ni dormir!.
¡No puedes irte a otro sitio a bailar!.
La hormiga jefe ordenó a su tropa de hormigas que llevaran a Jimmy a otro lugar.
 
¡No, hormiga jefe!. ¡Ya me voy!. Dijo Jimmy. Jimmy se acercó a la casa del señor topo.
Se puso al lado de la topera y vuelta a taconear.
Seguía con su canción: ¡Ya está aquí, el mejor, el más grande bailaor!.
El señor topo enfadado, salió y le dijo: ¡Jimmy, estoy ciego pero no sordo!.
¿No puedes ir a otro sitio a bailar?.
 
Jimmy estaba un poco triste, porque en todas partes molestaba.
Cogió sus maletas y se marchó de allí.
Empezó a caminar y caminar, hasta que estaba tan cansado que no tuvo más remedio que descansar.
Se quedó dormido bajo un árbol.
Cuando despertó al día siguiente, estaba en un campo lleno de flores.
 
¡Este será mi nuevo hogar! : dijo el ciempiés.
Tanto se entusiasmo Jimmy, que no se dio cuenta que un gran cuervo
estaba justo encima de él, en el árbol.
Jimmy se puso a taconear con tanta alegría que llamó la atención del cuervo.
El cuervo inclinó el cuello y vió a Jimmy taconeando. ¡Pobre Jimmy!.
 
El pájaro se lanzó sobre él, con gran rapidez.
Abrió su bocaza y cogió al ciempiés. El ciempiés gritaba: ¡Socorro, socorro!.
Un cazador, que andaba por allí, observo, al cuervo volando.
No le gustaban mucho los cuervos, pues él creía que le daban mala suerte.
Hizo un disparo al aire para asustarlo. El cuervo soltó al ciempiés.
 
Al caer, el ciempiés se dio un gran batacazo.
Esto le sirvió de lección. Aprendió a ser más responsable y fijarse bien dónde se ponía a bailar.
Buscó un lugar seguro y allí danzaba y bailaba.
No molestaba a nadie ni a él, le molestaban.
Así fue como el ciempiés empezó a ser respetado por todos.

Compartir este post
Repost0
17 marzo 2010 3 17 /03 /marzo /2010 19:08

Los-Conejitos-De-Colores.gif
Había una mamá coneja que tenía muchos conejitos. Todos eran muy blancos.
Y también, como todos los niños eran muy juguetones y un poquito locos.
Así que siempre estaban jugando por el campo.
 
Pero un día todo el paisaje apareció también blanco. ¡Había nevado!. y la mamá coneja,
cuando fue a buscar a sus pequeños no los podía encontrar porque como eran blancos,
se confundían con la nieve. Entonces fue a buscar pinturas y pintó a sus conejitos de todos colores.
¡Ahora sí podía verlos fácilmente jugando en la nieve blanca!
Todo anduvo bien hasta que un día, al mirar al campo, no pudo encontrar nuevamente
a sus conejitos queridos. ¡Había llegado la primavera con todo su esplendoroso colorido!
 
Entonces llamó a sus niños y uno a uno los lavó y los volvió a dejar de su color natural, el blanco.
 
Ahora los podía observar tranquilamente como corrían por el florido campo.
Estaba muy feliz.  Hasta que un día, pasado el tiempo... ¡volvió a nevar!...
y este cuento vuelve a comenzar...
 
Autor Francisco

Compartir este post
Repost0
16 marzo 2010 2 16 /03 /marzo /2010 15:13

El-Caracolillo-Gustavo.jpg
Gustavillo era un caracolillo que vivía feliz en el fondo del mar;
se mecía al ritmo de las corrientes marinas, reposaba en la arena,
buscando algún rayo de sol y de vez en cuando daba sus paseos.
Un día un cangrejo le vio y le dijo:
- ¿puedo vivir contigo?
 
Gustavillo se lo pensó dos veces y al final decidió ser, como un antepasado suyo un cangrejo ermitaño.
Empezaron a vivir juntos el cangrejo dentro del caracol y al poco comenzaron los problemas:
el cangrejo se metía las pinzas en la nariz, hacía ruidos cuando comía,
no ayudaba en la limpieza, y además, lo peor de todo eran unos horrorosos "pedos"
que tenían a Gustavillo el caracolillo mareado.
Una mañana Gustavillo le dijo al cangrejo todo lo que no se debía hacer, con paciencia,
explicándole que:
 
- Hurgarse en la nariz, es de mala educación y además puede hacer daño
- Se mastica siempre con la boca cerrada
- Hay siempre que colaborar en la limpieza y orden de dónde se vive y......................
...............si tenía un problema de “pedos” debía de ir al doctor.................
El cangrejo se quedó callado, salió de la casa y se perdió durante varios días.
 
Cuando volvió habló con Gustavillo y entre los dos juntitos hicieron una lista de las cosas que,
para estar juntos, debían hacer para que todo funcionara bien.
A partir de ese momento se acoplaron a convivir juntos y fueron muy, muy felices,
el cangrejo, daba a Gustavillo largos paseos y el caracolillo arropaba al cangrejo cuando había marea.

Compartir este post
Repost0
15 marzo 2010 1 15 /03 /marzo /2010 15:11

El-Capellan-Y-El-Palomino.png

 
Un capellán estaba comiendo en la posada de una aldea un palomino asado
cuando entró un caminante y pidió al posadero que le diese algo de comer.
El posadero le contestó que lo único que le quedaba era un palomino
y ya se lo había preparado al capellán.
Entonces el caminante rogó al capellán que compartiese con él la comida
y que la pagarían a medias, pero el capellán se negó y continuó comiendo.
 
El caminante sólo tomó pan y vino. Cuando el capellán terminó de comer le dijo:
- "Habéis de saber, reverendo, que aunque no hayáis aceptado compartir conmigo la comida,
el palomino nos lo hemos comido entre los dos, vos con el sabor y yo con el olor"
Respondió el capellán:
 
- "Si eso es así, tendréis que pagar vuestra parte del palomino"
Comenzaron a discutir y como el sacristán de la aldea estaba en la posada
le pidieron que actuara como juez en la disputa.
El sacristán le preguntó al capellán cuánto le había costado el palomino.
Contestó que un real. Mandó al caminante que sacase medio real
 
y lo dejó caer sobre la mesa haciéndolo sonar y le dijo al capellán:
- "Reverendo, con el sonido de esta moneda tened por pagado el olor del palomino"
Dijo entonces uno de los huéspedes de la posada:
- "A buen capellán mejor sacristán"
 
Juan de Timoneda

Compartir este post
Repost0
14 marzo 2010 7 14 /03 /marzo /2010 12:58

La-Cebra-Y-El-Caballo.jpg
Era la primavera y todo era amor en África, ahí se encontraban Lucy y Lola.
Lucy era una Cebra muy coqueta, con su bonito pelaje rayado y Lola era una yegua muy guapa,
con su pelo color marrón que le brillaba cuando le daban los rayos del sol.
Un buen día Lucy y Lola tuvieron a sus respectivos hijitos, Lucy tuvo una cebra macho
que puso por nombre Rayo y Lola le puso Lazlos a su hijito, en memoria al caballo del desierto.
Las dos madres estaban orgullosas de sus retoños que crecían y aprendían rápido.
 
Un buen día Lazlos y sus amigos estaban jugando, corrían sin parar de pronto llegó Rayo,
y al verle  el crin de pelos erectos a lo largo del cuello, unas orejas grandes
y una cola terminada en un mechón de pelos oscuros, Lazlos y sus amigos no podían dejar
de reír, burlándose del aspecto Rayo.Entonces su madre Lucy se acerco para protegerle
y consolarle, al ver que Rayo se sentía avergonzado por su apariencia Lucy le dijo
–Rayo no tienes por que sentirte avergonzado por se una cebra, no te entristezcas por no
sentir la aprobación y aceptación de tus compañeros animales, un día ellos valoraran tus virtudes.
 
Una vez dicho esto madre e hijo decidieron dar un paseo y realizar actividades juntos,
estaban divirtiéndose tanto que captaron la atención de Lazlos y los demás caballos.
Lazlos sintió el deseo de acercarse a Rayo para jugar con el,
pero recordó que el era un caballo y no debía mezclarse con una cebra,
que si bien eran primos, no eran iguales. Entonces se dio la media vuelta y abandonó el lugar.
 
Al siguiente día todos los animales se disponía a emprender un viaje, se dirigían
a las sabanas de África oriental, y en pleno desplazamiento Lazlos tuvo un accidente
y se lastimo una pata, lo que le impedía seguirle el paso a la manada,
los caballos continuaron y atrás de ellos venía la manada de cebras,
que siguieron su camino- pero cuando Rayo vió que Lazlos y su mamá estaban solos sin poder
alcanzar la manada de caballos y quedándose atrás, Rayo no pudo evitar sentir compasión.
 
Rayo le dijo a su mamá- ¡Mira es Lazlos y su madre! Creo que deberíamos ayudarles-
su madre le contestó- Hijo, nos quedaremos a tras y no podremos llegar en tiempo a nuestro destino-
entonces Rayo argumentó- madre, cuando una cebra esta enferma o herida y no puede seguir
a los demás nunca la dejamos atrás- tu me has enseñado que hay que saber detenerse
para ayudar y si no lo hacemos ellos serán presa fácil de sus atacantes.
Ellos sabían que en cualquier momento llegarían los leones y podrían capturar a Lazlos y su madre.
 
Su madre comprendió que su hijo quería ayudar a los caballos y entonces hablo
con la manada de cebras, estos disminuyeron su paso para que todos permanecieran juntos.
Así fueron en ayuda de Lazlos y los esperaron hasta que sanaran sus heridas
y se incorporaran a la manda. Una vez recuperado Lazlos y su madre se unieron
a la manada de cebras pues la manada de caballos les quedaba inalcanzable pues
ya habían avanzado demasiado. Y junto con las cebras llegaron a su destino final.
 
En el transcurso del viaje Lazlos y Rayo se hicieron amigos inseparables,
y Lucy y Lola estaban orgullosas de que sus hijos se hicieran amigos sin importar
la diferencia de raza. Lazlos prometió no volver a herir la susceptibilidad de los demás
animales y buscar siempre la amistad y el respeto.
La actitud de las cebras fue un ejemplo para los caballos, y ellos también aprendieron
a que con un poco de sacrificio del grupo todos pueden llegar a su destino,
que ser indiferentes a la desgracia de otros no es bueno para el grupo,
y que hay que hacer lo necesario para aliviar el dolor de otros y cultivar la unidad.
 
Cebras y Caballos reconocieron abiertamente su parentesco y vivieron felices por siempre.
 
Autor Elizabeth L. Mayer Granados

Compartir este post
Repost0
13 marzo 2010 6 13 /03 /marzo /2010 12:38

La-Camara-Prohibida.jpg
Había una vez un hechicero que disfrazado de mendigo iba de casa en casa,
llevándose a las muchachas más bonitas que encontraba, y ninguna volvía a ver a sus padres.
Un día fué a pedir limosna a la casa de un hombre que tenía tres hijas muy hermosas,
la mayor de las cuales le dió una gran rebanada de pan.
Al volverse ella, el hechicero la tocó en el brazo y, aun contra su voluntad,
la pobre muchacha se sintió obligado a entrar en la cesta que el mendigo llevaba a cuestas;
una vez dentro de ésta, el hechicero se la llevó con el a su casa,
situada en medio de un espeso bosque. Todo era allí magnífico,
y había todo cuanto la muchacha pudiera apetecer.
 
Pasado algunos días le dijo el hechicero que se veía precisado a emprender un viaje,
por lo cual le entregaba las llaves de la casa, añadiendo que la dejaba en libertad
para recorrer todas las habitaciones, excepto una, y previniéndola que,
si entraba en aquella habitación prohibida, moriría. Al mismo tiempo le dió un huevo
y le encargó mucho que no se lo extraviara. Cuando el hechicero se hubo perdido de vista,
empezó la joven a revisar oda la casa, encontrando todas las habitaciones llenas de bellos objetos.
Por fín, llegó a la puerta de la cámara prohibida y, después de vacilar por un momento,
la curiosidad la venció y entró. El espectáculo que se le ofreció a la vista la dejó aterrada:
vió un sinnúmero de muchachas que habían sido hechas prisioneras, y todas ellas estaban como dormidas.
La joven, impresionada por la inmovilidad de aquellos cuerpos, salió corriendo del cuarto,
huyendo todo lo más lejos que le fue posible.
 
En su espanto, dejó caer el huevo que llevaba en la mano, el cual no se rompió,
pero cuando lo levantó del suelo, notó que se le había manchado de rojo,
y a pesar de lo mucho que lo intentó, no pudo limpiarlo.
Pocas horas después volvió el hechicero, y al momento pidió a la joven las llaves
y el huevo que le había dejado. Tan pronto como vió las manchas rojas en el huevo,
comprendió que había entrado en el cuarto prohibido y la derribó al suelo,
y arrastrándola hasta la cámara secreta, la dejó allí encerrada con las otras.
 
El hechicero se dirigió de nuevo a la casa en que había pedido el pan,
y esta vez se llevó a la hija segunda. También ella se dejó vencer por la curiosidad,
y corrió la misma suerta que su hermana. El brujo entonces, capturó y se llevó
a la única hermana que quedaba, pero ésta era muy astuta, de tal manera que,
cuando recibió el huevo y las llaves, sin la menor tardanza depositó el huevo
con mucho cuidado en una alacena. Cogió luego la llave y se dirigió a la cámara prohibida
para averiguar qué había en ella.
 
Con gran estupor vió que el suelo se hallaba cubierto de muchachas sumidas en profundo sueño,
y que entre ellas estaban sus dos hermanas. Como era más juiciosa que las otras,
tuvo mucho cuidado en conservar el huevo bien limpio. Cuando el brujo regresó a casa,
corrió la joven a su encuentro, llevando las llaves y el huevo; entonces,
viendo él que estaba limpio, exclamó: - Tú serás mi esposa, ya que has sabido resistir la prueba.
Pero el hechicero ya no podía obrar a su antojo, porque su prometida había roto el encanto
y hacía lo que quería de él; valiéndose de esto se fué al cuarto prohibido
y despertó a las durmientes prisioneras que estaban allí encantadas. Luego dijo al brujo:
- Antes de que me case contigo, debes llevar, una cesta llena de oro a mis padres.
 
Tomó una cesta muy grande y mandó entrar en ella a sus dos hermanas,
a las que cubrió con una capa de monedas de oro, para que no se vieran. Hecho esto,
dijo al hechicero que cargara con la cesta y que tuviera buen cuidado de no entretenerse
por el camino, pues ella le estaría vigilando desde una ventana.
El hombre se cargó la cesta a las espaldas y echó a andar, pero era la carga tan pesada,
que se caía de fatiga. Sentose, pues, para descansar, pero en el mismo momento
oyó una voz que salía de la cesta y le decía: "Te estoy mirando desde mi ventana."
 
Creyendo que era la voz de su futura esposa, se puso en marcha otra vez,
haciendo mucho esfuerzo. Cada vez que trataba de descansar ocurría lo mismo, hasta que,
por fín llegó a casa de los padres, donde dejó la cesta. Mientras él hacía este camino
su prometida cogió una cabeza de cartón y la colocó en una ventana del piso superior,
como si fuera alguien que vigilara. Luego dió libertad a todas las víctimas del hechicero
y repartió invitaciones para la boda. Finalmente se cubrió el cuerpo con plumas,
de modo que pareciese un pájaro raro y nadie pudiese reconocerla. Así salió de la casa.
A poco encontró a algunos de los invitados, que le dijeron:
 
- ¿De dónde vienes, ave, tan hermosa?
- De las Casa en que el brujo se desposa.
- Y ¿qué hace, dí, la linda prometida?
- Después de haberse puesto muy pulida, con el traje nupcial engalanada,
a la ventana la dejé asomada. Cuando volvió el brujo a la casa, miró hacia la ventana,
y viendo la cabeza, creyó que era su futura esposa. Entró precipitadamente; más,
apenas lo hubo hecho, los parientes y amigos de las tres hermanas,
que le aguardaban allí para vengarse del mal que a ellas les había causado,
cerraron las puertas y pegaron fuego a la casa.
Este fué el fín que tuvieron el hechicero y su cámara prohibida.

Compartir este post
Repost0
12 marzo 2010 5 12 /03 /marzo /2010 15:24

La-Cabellera-De-Hierba.jpg
 
Félix era un hombre feliz. Tenía muy buenos amigos y nada le preocupaba.
Siempre encontraba solución a todos los problemas. Era un hombre animoso y optimista.
Con el paso de los años, Félix empezó a perder pelo. Muy tranquilo, fue a la farmacia
y se compró una loción para el cabello. Pero no le hizo efecto. Entonces probó otra,
y después otra... Hasta cien lociones llegó a utilizar sin resultado ninguno.
 
Entonces, Félix decidió pasar a los remedios caseros: se untaba limón con miel,
huevo batido, zumo de moras con leche... y mil potingues más. Pero nada:
en su cabeza no crecía ni un pelo. Y finalmente se quedó calvo como una pelota de ping-pong.
Felisa, su mujer, estaba muy preocupada. No le importaba que Félix hubiera perdido el pelo:
lo malo es que había perdido el buen humor. Una mañana, Felisa fue al mercadillo
a comprar unas plantas. Allí vio unos frascos de abono líquido para plantas.
Y al momento tuvo una idea- «Se lo llevaré a Félix. ¡Vale la pena intentarlo!»
 
El bueno de Félix se estuvo poniendo el abono todos los días. Y al cabo de una semana,
tenía una bonita melena verde: ¡una melena de hierba! Félix y Felisa paseaban muy felices
por la calle. Y todos admiraban el pelo de Félix:
-¡Qué pelo más maravilloso! ¡Es tan sano y natural! -¡Oh, sí! ¡Quién tuviera un pelo como el de Félix!
Muy pronto, los vecinos preguntaron el secreto a Félix y a Felisa.
 
Y el pelo de hierba se puso de moda. Desde entonces, muchos vecinos lucían unas bonitas
melenas de verde hierba. Y hasta algunas melenas se adornaban con pequeñas margaritas
y campanillas silvestres.
Sólo había un pequeño problema: los «pelohierba» no podían ir al campo porque las vacas
y las ovejas no los dejaban en paz. Tampoco podían ir al zoo:
las jirafas los dejaban calvos.

Compartir este post
Repost0
11 marzo 2010 4 11 /03 /marzo /2010 15:11

Cuervo-Y-Zorra.jpg
Erase en cierta ocasión un cuervo, el de más negro plumaje, que habitaba en el bosque
y que tenía cierta fama de vanidoso. Ante su vista se extendían campos, sembrados
y jardines llenos de florecillas... Y una preciosa casita blanca, a través de cuyas
abiertas ventanas se veía al ama de la casa preparando la comida del dia.
-Un queso!- murmuró el cuervo, y sintió que el pico se le hacía agua.
 
El ama de la casa, pensando que así el queso se mantendría más fresco,
colocó el plato con su contenido cerca de la abierta ventana. -que queso tan sabroso!-
volvió a suspirar el cuervo, imaginando que se lo apropiaba Voló el ladronzuelo hasta la ventana,
y tomando el queso en el pico, se fue muy contento a saborearlo sobre las ramas de un árbol.
Todo esto que acabamos de referir había sido visto también por una astuta zorra,
 
que llevaba bastante tiempo sin comer. En estas circunstancias vio la zorra
llegar ufano al cuervo a la más alta rama del arbol. -Ay, si yo pudiera a mi vez robar a ese ladrón!
-Buenos días, señor cuervo. El cuervo callaba. Miró hacia abajo y contempló a la zorra,
amable y sonriente. -Tenga usted buenos días -repitió aquella, comenzando a adurarle
de esta manera. -Vaya, que está usted bien elegante con tan bello plumaje!
 
El cuervo, que, como ya sabemos era vanidoso, siguió callado, pero contento al escuchar
tales elogios. -Sí, sí prosiguió la zorra. Es lo que siempre digo.
No hay entre todas las aves quien tenga la gallardía y belleza del señor cuervo.
El ave, sobre su rama, se esponjaba lleno de satisfacción. Y en su fuero interno estaba
convencido de que todo cuanto decía el animal que estaba a sus pies era verdad.
 
Pues, acaso había otro plumaje más lindo que el suyo? Desde abajo volvió a sonar,
con acento muy suave y engañoso, la voz de aquella astuta: -Bello es usted, a fe mía,
y de porte majestuoso. Como que si su voz es tan hermosa como deslumbrante es su cuerpo,
creo que no habrá entre todas las aves del mundo quien se le pueda igualar en perfección.
 
Al oír aquel discurso tan dulce y halagueño, quiso demostrar el cuervo a la zorra
su armonía de voz y la calidad de su canto, para que se convenciera de que el gorjeo
no le iba en zaga a su plumaje. Llevado de su vanidad, quiso cantar.
Abrió su negro pico y comenzó a graznar, sin acordarse de que así dejaba caer el queso.
Que más deseaba la astuta zorra! Se apresuró a coger entre su dientes el suculento bocado.
 
Y entre bocado y bocado dijo burlonamente a la engañada ave: -Señor bobo,
ya que sin otro alimento que las adulaciones y lisonjas os habéis quedado tan hinchado y repleto,
podeis ahora hacer la digestión de tanta adulación, en tanto que yo me encargo de digerir este queso.
Nuestro cuervo hubo de comprender, aunque tarde, que nunca debió admitir aquellas falsas alabanzas.
Desde entonces apreció en el justo punto su valía, y ya nunca más se dejó seducir por elogios inmerecidos.
 
Y cuando, en alguna ocasión, escuchaba a algún adulador, huía de él, porque,
acordándose de la zorra, sabía que todos los que halagan a quien no tiene meritos,
lo hacen esperando lucrarse a costa del que linsonjean.
Y el cuervo escarmentó de esta forma para siempre.

Compartir este post
Repost0

Presentación

  • : Olympia
  • : Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
  • Contacto

Categorías