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21 marzo 2011 1 21 /03 /marzo /2011 11:24

Nochehadas.jpg

 

Una niña dormía con su ventana abierta en las noches calientes.
Por la ventana entraba el perfume de un bosque cercano. Y en el bosque vivían unas hadas.
Las hadas volaban junto a la ventana de la niña dormida y soltaban un polvo mágico
que producía sueños dulces y bellos a la niña.
En el bosque había un hongo que era amigo de todos pero cansaba a las flores,
a las hadas y a los animalitos, de tanto decir tonterías y mentiras.
Como si fuera poco le gustaban las charlas pesadas.

Y soltaba un polvillo mágico que producía efectos raros.
Aspirar este polvo daba pesadillas. Una noche el viento llevó polvo del hongo hasta la niña
y esta tuvo una pesadillita que dañó los sueños hermosos que enviaban las hadas.
 
Una tarde las haditas estaban dormidas dentro de las flores.
Y el hongo necio decidió jugarles una broma pesada. Entonces mandó unas moscas amigas
a echarles polvo de hongo encima a las haditas.
El hongo tonto creyó que las hadas iban a tener y a repartir pesadillas.
Pero un hada es un ser muy tierno y maravilloso y a prueba de malos sueños.
Sin embargo algo sucedió y cuando las hadas se levantaron al ocultarse el sol se pusieron a bailar.
No los bailes suaves y lentos de las hadas, sinó que era un baile frenético, acelerado y loco.
Y se olvidaron de su trabajo de repartir bellos sueños y cuidar de la naturaleza en la noche.
Todas bailaban a la luz de la luna y ellas mismas daban lucecita.
 
Y las haditas brincaban y pateaban encima del hongo mentiroso causandole mucha incomodidad,
y sin oir peticiones de este para que se bajaran. Esa noche la niña durmió sin sueños,
ni pesadillas. Pero se despertó antes de salir el sol y miró por su ventana.
La niña vió unas pequeñas luces que giraban y giraban dentro de las matas y arbustos del bosque.
Serán luciérnagas ? - pensó la niña. O serán haditas ? - se preguntó después.
Quién me dijo que las haditas dan luz ? . O fue que lo soñé ?.....
 
Autor: Desconocido

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30 enero 2011 7 30 /01 /enero /2011 11:04

La-Nube-de-los-Suenos.jpg

 

El tren salió de su túnel oscuro, y los pasajeros se encandilaron con la luz del sol
que estaba atardeciendo en el mar. La niña de dorados rizos,
que estaba sentada en el regazo de su mamá, le decía que todavía habían bañistas
en la playa aunque el verano playero acababa de terminar, y le preguntó:
–¿Las olas hablan, mamá?
 
–Claro, hijita, las olas son quienes viajan por todo el mundo con sus blancas bocas,
y se cuentan unas a otras lo que ha pasado, por los lugares donde han estado.
A veces se ríen mucho, y por eso oyes muchos splash seguidos en la rompiente,
otras veces están enfadadas y hay olas grandotas que rompen haciendo mucho ruido,
como quien da un portazo, en algunas ocasiones están perezosas y ni se mueven,
es porque están dormitando y una pequeña ola, que casi no dice nada sobre la arena,
significa que está roncando.
 
–¡Mira mamá! Qué nube más rara.
–Si, tienes razón, esa nube es la nube de los secretos. ¿Sabes qué hace esa nube?
-Le preguntó en secreto la mamá.
–Si… Escucha los secretos de todos… -Dijo la niña riéndose.
–Bueno, en cierta manera si. Todas las olas le cuentan sus secretos a ella,
porque saben que ella no los contará a nadie. También lo hacen los delfines
y todos los animales del agua. ¿Sabes qué otros animales de agua hay?
 
-Le preguntó animándola a pensar un poquito.
–Si… Los pájaros de agua -Contestó riendo.
–Y… ¿Cómo se llaman? Ga… -Le daba una ayudita.
–¡Gaviotas! -Contestó contenta de saberlo-.
¡Mira mamá!, ahí hay una que está jugando con las olas.
¿Sabes mami que las gaviotas flotan porque tienen una panza muy gorda?
 
–Si, también porque se llenan de aire -Dijo la madre llenando sus cachetes de aire,
abriendo los brazos en redondo y moviéndose de lado a lado- y hacen como un flotador.
A veces las gaviotas quieren enterarse de los secretos que les cuentan las olas a la nube
y la nube se va un poco enfadada para otros lugares,
y si la gaviota la molesta mucho entonces llueve. Otras veces,
llueve sobre la tierra y los secretos caen sobre las plantas, los árboles,
las flores o simplemente sobre la tierra. Como no conocen a las olas,
no se enteran mucho qué significan esos secretos, aunque les caigan encima.
 
–Y, ¿qué pasa con los secretos que llueven sobre la tierra?
-Le preguntó mirando a través de la ventana.
–No pasa nada, caen como simples gotas de lluvia,
guardando los secretos para siempre en el corazón de cada gota
y al ser absorbida por un árbol, o flor, o donde sea que caiga,
guarda ese secreto como si alguien se lo hubiera contado pero nunca puede recordar qué es en realidad,
como cuando uno cree que tiene algo por decir y no recuerda qué
-Le explicaba la mamá pegando su mejilla contra el de su hija de cuatro años.
 
La niña se reacomodaba sobre el regazo de la madre y le llenaba la cara con sus tirabuzones dorados.
A medida que el tren traqueteaba algunas nubes rosa-azul-violeta
se juntaban en el horizonte a escuchar los secretos que alguien tenía para contarles,
otras llegaban desde lejos justo a tiempo para disfrazarse con el atardecer.
Y entre contar nubes y nubes, fueron llegando hasta su estación,
donde bajaron y se despidieron de las señoritas del cielo hasta el día siguiente.
 
Autor: Sofia Reina

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3 enero 2011 1 03 /01 /enero /2011 09:47

La-Navidad-no-es-un-cuento.jpg

 

Alguien me acercó un cuento de Navidad que leyó en alguna parte.
Lo contaré a continuación porque realiza un hermoso viaje al corazón de Jesús Niño.
Se dice que, cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió,
el niño del pesebre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta.
Un muchacho joven, tímido, estaba allí, temblando y temeroso.
 
- Acércate- le dijo Jesús- ¿Por qué tienes miedo?
- No me atrevo... no tengo nada para darte.
- Me gustaría que me des un regalo – dijo el recién nacido.
El pequeño intruso enrojeció de vergüenza y balbuceó:
- De verdad no tengo nada... nada es mío, si tuviera algo, algo mío, te lo daría... mira.
 
Y buscando en los bolsillos de su pantalón andrajoso,

sacó una hoja de cuchillo herrumbrada que había encontrado.
- Es todo lo que tengo, si la quieres, te la doy...
- No - contestó Jesús- guárdala. Querría que me dieras otra cosa. Me gustaría que me hicieras tres regalos.
- Con gusto – dijo el muchacho- pero... ¿qué?
- Ofréceme el último de tus dibujos.
 
El chico, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y José lo oyeran,
murmuró algo al oído del Niño Jesús:
- No puedo... mi dibujo es horrible... ¡nadie quiere mirarlo... !
- Justamente, por eso lo quiero... siempre tienes que ofrecerme lo que los demás rechazan
y lo que no les gusta de ti. Además quisiera que me dieras tu plato.
 
- Pero... ¡lo rompí esta mañana! – tartamudeó el chico.
- Por eso lo quiero... Debes ofrecerme siempre lo que está quebrado en tu vida,
yo quiero arreglarlo... Y ahora –insistió Jesús-
repíteme la respuesta que le diste a tus padres cuando te preguntaron como habías roto el plato.
El rostro del muchacho se ensombreció, bajó la cabeza avergonzado y, tristemente, murmuró:
 
- Les mentí... Dije que el plato se me cayó de las manos,
pero no era cierto... ¡estaba enojado y lo tiré con rabia!
- Eso es lo que quería oírte decir –dijo Jesús- Dame siempre lo que hay de malo en tu vida,
tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías, tus crueldades.
Yo voy a descargarte de ellas... No tienes necesidad de guardarlas...
Quiero que seas feliz y siempre voy a perdonarte tus faltas.
A partir de hoy me gustaría que vinieras todos los días a mi casa.
 
Autor: Ariel David Busso

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10 diciembre 2010 5 10 /12 /diciembre /2010 11:40

La-Nina-Y-La-Paloma.jpg

 

Claudita quería mucho a los animales y un día se encontró una paloma
que tenía una de sus alas heridas y no podía volar.
Se acercó con todo cuidado y tomándola entre sus manos se la llevó a su casa hasta que sanara
y pudiera nuevamente volar. Allí la metió en una caja de cartón con unos géneros viejos
y le echó un poco de desinfectante en el ala para curarla.
 
Durante varios días, después que llegaba del colegio,
ella hizo lo mismo hasta que la paloma pareció estar un poco mejor.
El viernes cuando llegó fue a verla como de costumbre, pero la paloma ya no estaba.
Primero Claudita se alegró mucho pensando que la paloma se había sanado
y que pudiendo volar se había ido a buscar a los suyos en el cielo.
Pero, por otra parte, también se puso triste porque ya no la iba a ver más,
y ella se había encariñado con la paloma.
 
Así, esos dos sentimientos estaban entonces juntos en su corazón: la alegría y la pena.
Como Claudita no entendía muy bien lo que le pasaba, fue a contarle todo a su mamá.
La mamá le dijo que lo que ella sentía era algo natural,
pero que la alegría tenía que ir poco a poco ganándole a la pena,
porque aunque era verdad que ella echaba de menos a la paloma,
ella la había curado para que pudiera volar, y que por eso,
por haber logrado sanarla con sus cuidados, tenía que sentirse muy feliz.
 
Claudita, aunque comprendió e incluso estuvo de acuerdo con la explicación de su mamá,
no pudo dejar de sentir pena, pues ella echaba mucho de menos a su paloma.
Otro día, en medio de unas plantas, descubrió a un pajarito que estaba enredado entre unas ramas
y unos palos, sin poder escapar. Se acercó con mucho cuidado para no asustarla,
igual como lo había hecho con la paloma, y abriendo un camino con sus dos manos,
le ayudó a liberarse de su prisión.
 
El pajarito voló y voló contento por el aire hasta alejarse. Claudita, mirándolo,
tuvo un gran sentimiento de ternura en su corazón, y entonces comprendió lo bueno
que era que su paloma estuviera volando libre, sana y contenta como ese pajarito feliz.
Desde entonces de a poco su pena fue desapareciendo y la alegría se hizo muy grande,
hasta que pudo ella sola llenar todo su corazón.
 
Autor: Ernesto Langer Moreno

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23 noviembre 2010 2 23 /11 /noviembre /2010 11:11

Los-Musicos-de-Bremen.jpg

 

Había una vez un burro que trabajaba en una granja.
Cuando el burro se hizo viejo, su amo decidió llevarlo al matadero.
Pero el burro descubrió sus planes y escapó de la granja.
-¡Qué injusticia! He gastado toda mi vida y mis fuerzas al servicio del amo...
¡y mira cómo me lo agradece! -murmuraba el burro.
 
Entonces, pensó ir a la ciudad de Bremen para hacerse músico de la banda municipal.
Por el camino encontró a un perro de caza y le preguntó:
-Amigo, ¿por qué corres con la lengua fuera?
-Porque soy viejo y mi amo quiere matarme...
El burro escuchó todas las desgracias del perro y dijo:
-Compañero, vente conmigo a Bremen y nos haremos músicos de la banda municipal.
Yo tocaré la guitarra y tú el tambor.
 
Al cabo de un rato, el burro y el perro se encontraron con un gato.
-Compañero, ¿por qué estás triste? -le preguntaron.
-Como ya soy viejo, mi ama quería ahogarme. Por eso he escapado y ahora no sé cómo voy a ganarme la vida...
-No te preocupes -le dijeron-; tu historia es igual que la nuestra. Ven con nosotros, nos haremos músicos.
Un poco más adelante, el burro, el perro y el gato oyeron a un gallo que cantaba,
parecía que se iba a romper la garganta.
El gallo les dijo:
 
-¡Qué injusticia! Toda la vida he trabajado de despertador y mañana piensan echarme a la sopa...
Ahora, canto hasta desgañitarme mientras puedo.
Entonces, el burro le dijo:
-¿No tienes cerebro debajo de esa cresta? Vente con nosotros a Bremen.
Vamos a ser músicos de la banda municipal.
Pero la ciudad de Bremen estaba lejos y la noche se les echó encima a medio camino.
Los cuatro músicos decidieron pasar la noche junto a un árbol grueso.
 
El burro y el perro se quedaron bajo el árbol, el gato trepó a una rama
y el gallo se encaramó a la rama más alta.
Desde aquella altura, el gallo gritó:
-¡Se ve una luz a lo lejos...!
-Vamos allá, compañeros -dijo el burro-; seguro que es mejor posada que ésta.
Cuando llegaron a la casa, el burro se asomó a una ventana y dijo:
 
-Hay un grupo de bandidos sentados a la mesa. Tienen preparada una cena fastuosa.
Los animales, después de alguna discusión, prepararon un plan para echar a los bandidos.
El burro apoyó las patas delanteras en la ventana; el perro se puso encima del burro;
el gato se encaramó sobre el perro y el gallo, sobre la cabeza del gato.
A una señal, todos comenzaron su música: el burro rebuznaba, el perro ladraba, el gato maullaba
y el gallo cantaba. Y, a una señal, todos se echaron sobre la ventana.
El cristal se rompió en mil pedazos y los bandidos gritaron asustados:
-¡Fantasmas! ¡La casa está embrujada!
Y todos huyeron aterrorizados al bosque.
 
Entonces, los cuatro músicos de Bremen se sentaron a la mesa y dieron buena cuenta de todos los alimentos.
Cuando terminaron de cenar, apagaron la luz y se acostaron.
Cuando los bandidos se tranquilizaron, el capitán mandó a uno que fuera a la casa para espiar.
El bandido entró sin hacer ruido; al fondo de la habitación brillaban los ojos del gato. El bandido pensó que era fuego y acercó una cerilla para encender una vela.
Entonces, el gato se lanzó sobre él y le arañó la cara; en su huida tropezó con el perro
y éste le mordió en una pierna; finalmente, el burro le atizó una coz tremenda.
 
Cuando escapaba aterrorizado oyó cantar al gallo:
-¡Quiquiriqui!
El ladrón volvió junto a sus compañeros y les dijo:
-En la casa hay una bruja horrible. Nada más entrar me arañó la cara.
Luego, me agarró la pierna con unas tenazas y un mostruo negro y peludo me golpeó con una porra.
Cuando escapaba, un fantasma gritó: «¡Traédmelo aquí!»
A partir de aquel día, los bandidos no se atrevieron a volver a la casa
y los cuatro músicos de Bremen se quedaron en ella para siempre.
 
Autor: los hermanos Grimm

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3 noviembre 2010 3 03 /11 /noviembre /2010 10:55

Una-Moneda-de--AY-.jpg

 

Tenía un caballero un criado nuevo, un mozo llamado Pedro que parecía un poco tonto.
Para burlarse de él, le dio dos monedas y le dijo:
- "Pedro, vete al mercado y cómprame una moneda de uvas y otra de ¡ay!"
El pobre mozo compró las uvas, pero cada vez que pedía una moneda de ¡ay!
todos se reían y mofaban de él.
 
Al darse cuenta de la burla de su amo, puso las uvas en el fondo de una bolsa
y sobre las uvas un manojo de ortigas.
Cuando regresó a su casa, le dijo su amo:
- "¿Lo traes todo?"
Contestó el mozo:
 
- "Sí, señor, está todo en la bolsa"
El caballero extrañado metió rápidamente la mano y al tocar las ortigas, exclamó:
- "¡Ay!"
A lo que dijo el mozo:
- "Debajo están las uvas, señor"
 
Autor: Juan de Timoneda

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15 octubre 2010 5 15 /10 /octubre /2010 11:22

Mariposa.jpg

 

Señorita mariposa.
Abanico que se agita
junto al rostro de una rosa.
 
Es un alegre pañuelo,
con el cual baila un enano picaruelo
algún baile americano.
 
Es también una bandera diminuta,
en la ruta
del viento de primavera.
 
Y se posa
en el libro de un chicuelo.
¡Qué ilustración más hermosa
que le ha caído del cielo!
 
Autor: Oscar Alfaro

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29 septiembre 2010 3 29 /09 /septiembre /2010 10:49

El-Muneco-Preguntame.jpg

 

RESULTA QUE Berberecho trajo un hermoso muñeco, que cuando le daban cuerda abría
y cerraba los ojos y se reía. Todos los chicos querían tocarlo,
pero él no se lo prestaba a nadie.
- ¿Cómo se llama tu muñeco? - le preguntó Martina.
- No sé - dijo Berberecho.
 
- A los muñecos lindos se les pone nombre.
- Sí, pero yo no sé que nombre ponerle. - dijo Berberecho pensativo. ¿No me ayudás a pensar uno?
- Preguntame más tarde, porque ahora voy al baño.
- Preguntame puede ser un lindo nombre - pensó Berberecho.
Al rato vino Plomín y le dijo:
 
- Qué lindo muñeco. ¿Cómo se llama?
- Preguntame.
- ¿Cómo se llama?
- Preguntame.
- ¿Cómo se llama?
 
- Preguntame.
- ¿Cómo se llama?
- Preguntame.
- ¡Basta! - dijo Plomín. - Ya te pregunté un montón de veces.
- Y yo te contesté un montón de veces - dijo Berberecho enojado.
 
Al rato vino Martina y le preguntó que nombre le había puesto al muñeco.
- Como vos me dijiste.
- ¿Cómo? Si yo no te dije nada...
- Sí
- No
- Sí
 
- Bueno, si te dije no me acuerdo. Decime que nombre le pusiste.
- Preguntame.
- ¿Cómo se llama?
- Preguntame.
- ¿Cómo se llama?
- Preguntame.
- ¿Cómo se llama?
 
Y así estuvieron un rato largo, hasta que Martina se cansó y se fue.
Después vino Nahuel y le preguntó lo mismo, y Berberecho le contestó lo mismo,
y estuvieron un rato largo diciendo:
- Preguntame.
- ¿Cómo se llama?
 
Hasta que Berberecho decidió cambiarle de nombre al muñeco. Lo llamó Muñeco y listo.
Y es así que Berberecho más adelante tuvo un oso que se llamaba Oso,
un perro que se llamaba Perro, y un gato que se llamaba Gato.
Poco imaginativo, pero fácil de acordarse y sin lugar a malentendidos.
 
Autor: Sergio Samoilovich

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13 septiembre 2010 1 13 /09 /septiembre /2010 11:57

El-Maravilloso-Traje-del-Emperador.gif

 

Hubo una vez un emperador que era muy presumido, sólo pensaba en comprarse vestidos.
Tenía un grupo muy numeroso de sastres que constantemente le hacían nuevos ropajes,
porque deseaba ser el emperador mejor vestido de todos los reinos del mundo.
Cierto día llegaron al palacio imperial dos pícaros muchachos,
pidiendo ser recibidos por su majestad. Decían que eran unos afamados sastres
que venían de lejanas tierras. El emperador, al conocer la noticia,
les hizo pasar inmediatamente.
 
- Majestad, hemos traído una tela que es una maravilla -dijo uno de los pícaros.
- No la pueden ver los ignorantes, pero a los inteligentes les gusta mucho -dijo el otro.
El emperador se entusiasmó con lo que decían y pidió a los falsos sastres
que le comenzaran inmediatamente un vestido con aquella tela,
que enseñaría a todo el mundo.
 
Los pícaros pidieron para los gastos grandes sumas de dinero y joyas valiosísimas.
Hacían creer que cortaban y cosían el vestido, cuando, en realidad, no cosían nada.
Y aquellos que lo veían, para que no les llamaran ignorantes,
decían que era un vestido muy original.
Llegó el día en que el emperador fue a probarse el famoso vestido.
Cuando se lo presentaron quedó admirado. ¡No veía el vestido!
Y para que sus súbitos no pensaran que no era inteligente, decidió disimular.
 
Todo el pueblo esperaba que pasara el emperador,
ya que tenía gran curiosidad sobre cómo sería el majestuoso ropaje.
Entonces apareció el emperador. Iba caminando desnudo ante el asombro de todos.
Un gran silencio se hizo en la calle, pero nadie dijo nada para que no se le llamara ignorante.
Sólo un niño, con su inocencia, dijo:
- ¡Mirad, mirad, el emperador va desnudo!
 
Ante esto, todo el mundo dijo lo mismo y el emperador sintió mucha vergüenza.
Fue un día triste para él, Aprendió una gran lección:
LO IMPORTANTE EN ESTA VIDA NO SON LOS ROPAJES, SINO SER SINCERO EN TODO LO QUE HACES.
 
Autor: Hans Christian Andersen

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1 septiembre 2010 3 01 /09 /septiembre /2010 10:57

El-Mago--La-Galera-Y--.--Tabare-.jpg

 

Entre exclamaciones de asombro y aplausos, el Mago sacó de su galera un conejo blanco.
Era un truco que repetía en todas sus funciones de circo.
Sin embargo la repetición no le quitaba encanto: cuando aparecía Tabaré,
los chicos se maravillaban hasta el cansancio. Y el animal,
acostumbrado a las aclamaciones y los aplausos, saludaba con las orejas a su público infantil.
Pero los conejos también se cansan de trabajar y Tabaré exigió al Mago diez días de vacaciones.
 
Entonces se cepilló las orejas, el pompón de su cola y, después de despedirse,
se alejó a los saltitos por el camino. Durante los diez días siguientes,
el Mago sufrió las burlas de los chicos porque cada vez que llegaba el número de la galera,
sacaba las cosas más raras. Un día sacó una milanesa con papas fritas
y los chicos al verla gritaron: "¡Uuuuh!", mientras el payaso Ramón,
con gran tranquilidad, se la comía.
 
En otra oportunidad sacó un zapato, una media y... ¡una margarita!
Y otra vez los chicos gritaron, "¡Uuuuh!"
También sacó un cucharón, un pollito y una mariposa, pero los chicos siempre gritaban,
"¡uuuuh!" Y cada vez lo hacían más fuerte.
El Mago ya no sabía qué hacer y llamó por teléfono a todas las madrigueras que figuraban en la guía,
pero no pudo encontrar a Tabaré y, muy afligido y con mucho miedo de escuchar nuevamente el,
"¡uuuuh!" de su público disconforme, salió a la pista.
 
Cuando llegó el truco de la galera, metió la mano temblorosa y tocó algo suave...
blando... tibio... que sacó despaciiito... y..., "¡aaaah!"
exclamaron los chicos con regocijo al ver aparecer unas orejotas muy largas.
¡Tabaré! gritó el Mago lleno de alegría. Pero Tabaré tenía una sorpresa para todos:
otro par de orejas asomó de la galera y, con un gracioso salto,
una conejita con ojos de enamorada se acomodó junto a Tabaré.
Desde entonces, los chicos esperan con impaciencia el tuco de "Tabaré"
 
Autor: Desconocido

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  • : Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por el simple hecho de haberse cruzado en nuestro camino...
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