Saturday 26 december 2009
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En la mitología griega Pélope era hijo de Tántalo y Dione (hija de
Atlas), y padre con Hipodamía de los famosos Atreo y Tiestes. El padre de Pélope era Tántalo, rey en el monte Sípilo de Anatolia. Queriendo hacer una ofrenda a los olímpicos, Tántalo descuartizó a
Pélope y cocinó un estofado con su carne, que entonces sirvió a los dioses. Démeter, profundamente apenada tras el rapto de su hija Perséfone por Hades, distraídamente aceptó el ofrecimiento y se
comió el hombro izquierdo. Sin embargo los demás dioses advirtieron la trama y evitaron comer el cuerpo del muchacho, trayéndolo de vuelta a la vida y reemplazando su hombro con uno de marfil que
fabricó para él Hefesto. Tras su resurrección, Pélope era más bello que antes: Poseidón se enamoró de él, llevándolo al Olimpo, haciéndolo su amante y enseñándole a conducir su divino carro. Más
tarde Zeus expulsó a Pélope del Olimpo, enfadado porque su padre, Tántalo, había robado la comida de los dioses, dándosela a sus súbditos en la tierra y revelando los secretos que había oído.
Pélope, ya un hombre, quiso casarse con Hipodamía. Enómao, su padre, rey de Pisa o de Olimpia, había matado a treinta pretendientes de Hipodamía tras vencerles en una carrera de carros. Había hecho
esto porque la amaba para sí o, alternativamente, porque una profecía afirmaba que moriría a manos de su yerno. Pélope fue a pedir la mano de Hipodamía y se preparó para competir con Enomao.
Preocupado por si perdía, fue a la orilla del mar e invocó a Poseidón, su antiguo amante, y recordándole su amor («dulces regalos de Afrodita») le pidió ayuda. Sonriendo, Poseidón hizo aparecer un
carro tirado por caballos alados. Aún inseguro de sí mismo, Pélope (o alternativamente la propia Hipodamía) convenció al auriga de Enomao, Mírtilo, para que le ayudase a ganar, prometiéndole la
mitad del reino y la primera noche en el lecho de Hipodamía. La noche anterior a la carrera, mientras Mírtilo estaba montando el carro, cambió las pezoneras de bronce que sujetaban las ruedas al
eje con unas falsas fabricadas de cera de abeja. La carrera comenzó y discurrió durante mucho tiempo. Pero justo cuando Enomao estaba alcanzando a Pélope y preparándose para matarlo, las ruedas se
soltaron y el carro se rompió. Mírtilo sobrevivió pero Enomao fue arrastrado por sus caballos hasta morir. Pélope mató entonces a Mírtilo porque éste había intentado violar a Hipodamía. Cuanto
moría, Mírtilo maldijo a Pélope por su traición. Éste fue el origen de la maldición que destruyó a su familia: dos de sus hijos, Atreo y Tiestes, mataron a un tercero, Crisipo, que era su favorito
y que iba a heredar el reino; ambos fueron desterrados junto con Hipodamía, su madre, quien entonces se ahorcó. También persiguió a sus hijos, nietos y bisnietos, incluyendo a Agamenón, Egisto,
Menelao y Orestes.