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31 mayo 2010 1 31 /05 /mayo /2010 12:15

Historia-de-los-dos-que-sonaron.jpg

 

Cuentan hombres dignos de fe que hubo en El Cairo un hombre poseedor de riquezas,
pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió menos la casa de su padre,
y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan.
 
Trabajó tanto que el sueño lo rindió una noche debajo de una higuera de su jardín
y vio en el sueño un hombre empapado que se sacó de la boca una moneda de oro
y le dijo: "Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla".
A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros
del desierto, de las naves, de los piratas, de los idólatras, de los ríos,
de las fieras y de los hombres.
 
Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche
y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la mezquita,
una casa y por decreto de Alá Todopoderoso, una pandilla de ladrones atravesó la mezquita
y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron con el estruendo de los ladrones
y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos
de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea.
 
El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de El Cairo
y le menudearon tales azotes con varas de bambú que estuvo cerca de la muerte.
A los dos días recobró el sentido en la cárcel. El capitán lo mandó buscar y le dijo:
"¿Quién eres y cuál es tu patria?" El otro declaró: "Soy de la ciudad famosa de El Cairo
y mi nombre es Mohamed El Magrebí". El Capitán le preguntó: "¿Qué te trajo a Persia?"
El otro optó por la verdad y le dijo: "Un hombre me ordenó en un sueño que viniera a Isfaján,
porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y veo que esa fortuna que prometió
deben ser los azotes que tan generosamente me diste".
 
Ante semejantes palabras, el capitán se rió hasta descubrir las muelas del juicio
y acabó por decrile: "Hombre desatinado y crédulo, tres veces he soñado con una casa
en la ciudad de El Cairo, en cuyo fondo hay un jardín, y en el jardín un reloj de sol
y después del reloj de sol una higuera y luego de la higuera una fuente,
y bajo la fuente un tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira.
Tú, sin embargo, engendro de mula con un demonio, has ido errando de ciudad en ciudad,
bajo la sola fe de tu sueño. Que no te vuelva a ver en Isfaján. Toma estas monedas y vete."
 
El hombre las tomó y regresó a su patria. Debajo de la fuente de su jardín
(que era la del sueño del capitán) desenterró el tesoro. Así Alá le dio bendición y lo recompensó.

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Published by Ramazzotti - en Cuentos
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