Mitologia

Monday 14 september 2009 1 14 /09 /Set /2009 14:02

En la mitología griega, Las Erinias eran personificaciones femeninas de la venganza, que perseguían a los culpables de ciertos crímenes.  También se les llamaba Euménides (en griego antiguo Εύμενίδες, ‘benévolas’), antífrasis usada para evitar su ira cuando se pronunciaba su verdadero nombre. Según la tradición, este nombre se habría utilizado por primera vez tras la absolución de Orestes por el Areópago (que se describe más adelante), y luego se usó para aludir al lado bueno de las Erinias. En Atenas se usaba también eufemísticamente la perífrasis σεμναί θεαί semnai theai, ‘venerables diosas’. También se aludía a ellas como χθόνιαι θεαί chthóniai theaí, ‘diosas ctónicas’, y se les aplicaba el epíteto Praxídiceas (Πραξιδικαι), ‘ejecutoras de las leyes’. Las Erinias son fuerzas primitivas anteriores a los dioses olímpicos, por lo que no se someten a la autoridad de Zeus. Moraban en el Érebo (o en el Tártaro según la tradición), el inframundo, del que sólo volvían a la Tierra para castigar a los criminales vivos, sometiendo mientras a torturas sin fin a los eternamente condenados. A pesar de su ascendencia divina, los dioses del Olimpo muestran una profunda repulsión hacia estos seres que no toleran. Por su parte, los mortales las temen y huyen de ellas. Es esta marginación y la necesidad de reconocimiento que implica lo que, en la obra de Esquilo, llevará a las Erinias a aceptar el veredicto de Atenea, a pesar de su inagotable sed de venganza. uando una maldición ritual en la Ilíada invoca a «vosotros, que en lo profundo castigáis a los muertos que fueron perjuros», «las Erinias son simplemente una encarnación del acto de automaldición que conlleva el juramento», según Burkert. Son las encargadas de castigar los crímenes durante la vida de sus autores, y no más tarde. No obstante, siendo su campo de acción ilimitado, si el autor del crimen muere, lo perseguirán hasta el inframundo. Justas pero sin piedad, ningún rezo ni sacrificio puede conmoverlas ni impedir que lleven a cabo su tarea. Rechazan las circunstancias atenuantes y castigan todas las ofensas contra la sociedad y la naturaleza como el perjurio, la violación de los ritos de hospitalidad y sobre todo los crímenes o asesinatos contra la familia. En épocas antiguas se creía que los seres humanos no podían ni debían castigar tan horribles crímenes, correspondiendo a las Erinias perseguir al desterrado asesino del fallecido en venganza, hostigándole hasta hacerle enloquecer (de ahí su nombre latino, derivado de «furor»). La tortura sólo cesaba si el criminal encontraba a alguien que le purificase de sus crímenes. Némesis representa un concepto similar, y su función se solapa con la de las Erinias, con la diferencia de que aquélla castigaba las faltas cometidas contra los dioses. La diosa Niké tenía originalmente un papel parecido, como portadora de una victoria justa. Castigaban el hibris o exceso. Prohibían a los adivinos revelar fielmente el futuro para que este conocimiento no acercara al hombre a los dioses.

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Sunday 13 september 2009 7 13 /09 /Set /2009 13:50

En la mitología griega los Hecatónquiros o Hecatónqueros (en griego Έκατόνχειρες Hekatonkheires o Έκατόνταχειρας Hekatontakheiras, ‘los de cien manos’), conocidos también como Centimanos (del latín Centimani), eran gigantes con cien brazos y cincuenta cabezas, hijos de Gea y Urano. Su padre los arrojó al Tártaro, pero fueron rescatados por Crono, al que ayudaron a castrar y derrocar a Urano. Tras ayudar a Crono, éste les encerró de nuevo en el Tártaro, donde permanecieron guardados por Campe hasta que Zeus los rescató. Durante la Guerra de los Titanes, arrojaban rocas de cien en cien a los Titanes.

Al terminar la guerra los Hecatónquiros se establecieron en palacios en el río Océano, convirtiéndose en los guardianes de las puertas del Tártaro, donde Zeus había encerrado a los Titanes. En la Ilíada hay una historia, que no se encuentra en ningún otro sitio, que cuenta que en algún momento los dioses estaban intentando derrocar a Zeus, y éste llegó a ser encadenado por Hera, Atenea y Poseidón, pero fracasaron cuando Tetis invocó a los Hecatónquiros y éstos acudieron en su ayuda. A veces se les considera deidades del mar, y puede que provengan de los pentekonter, barcos con cincuenta remeros.

Los Hecatónquiros eran Briareo (‘fuerte’), Giges y Coto. Homero también se refirió a Briareo como Egeón (‘cabruno’), si bien éste era también el nombre de un dios del mar diferente.

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Saturday 12 september 2009 6 12 /09 /Set /2009 13:07
En la mitología griega, Jápeto era un titán hijo de Urano y Gea. Fue padre de Atlas, Prometeo (a través de quien sería ancestro de la raza humana), Epimeteo y Menecio, a quien Zeus mataría en la Titanomaquia. Sus descendientes son a menudo llamados por las formas patronímicas Japétidas o Japetónidas. Según Apolodoro la esposa de Jápeto era una oceánide (hija de Océano y Tetis) llamada Asia, si bien otras fuentes afirma que la oceánide se llamaba Clímene, e incluso tras le emparejaba con Tetis, Asopis o Libia. Higino, que confunde a los Titanes y los Gigantes, hacía a Jápeto uno de estos, y le llamaba hijo de Tártaro. Homero menciona en la Ilíada que fue encarcelado con Crono en el Tártaro y Silio Itálico cuenta que estaba enterrado bajo la isla de Inarime. En los Trabajos y días de Hesíodo se alude a Prometeo como «hijo de Jápeto», y no se nombra a su madre. En la obra de Esquilo Prometeo encadenado, Prometeo es hijo de la diosa Temis, y aunque no se nombre a su padre, al menos Atlas sigue apareciendo como hermano suyo. Sin embargo, en sus Odas Horacio describe cómo ‘el audaz descendiente de Jápeto [Prometeo] / dio el fuego a los hombres gracias a un malvado engaño’ (audax Iapeti genus / ignem fraude mala gentibus intulit). Dado que la mayoría de los Titanes consentían el matrimonio entre hermanos, podría ser que Esquilo se valiera de una vieja tradición en la que Temis era esposa de Jápeto y que la tradición hesíodica prefiriese que tanto Temis como Mnemósine fueran consortes sólo de Zeus. Sigue siendo sin embargo bastante corriente en las costumbres aqueas que Zeus hubiera tomado como amantes a las esposas de los Titanes tras derrotar a sus maridos.
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Thursday 10 september 2009 4 10 /09 /Set /2009 13:07

En la mitología griega,Hiperión  (en griego antiguo Ὑπερίων Hyperíôn, ‘el que vive arriba’ o ‘el que mira desde arriba’) es un Titán, hijo de Urano (el Cielo) y Gea (la Tierra).

En la Ilíada de Homero, el dios sol se llamaba Helios Hyperion (‘Sol en lo más alto’), pero en la Odisea, la Teogonía de Hesíodo y el himno homérico a Deméter el sol recibe el nombre de Hyperonides (‘hijo de Hiperión’), y ciertamente Hesíodo imaginaba a Hiperión como un ser separado de Helios en otras obras. De hecho, algunos traducen «Hiperión» como ‘el que aparece antes que el Sol’. En la literatura griega posterior Hiperión siempre se distingue de Helios.

Hiperión es considerado a menudo el dios de la observación, y su hermana Tea la diosa de la vista.

Según Hesíodo, se casó con Tea (llamada Eurifaesa es el Himno homérico a Helios), su hermana, con la que tuvo tres hijos: Helios (el Sol), Selene (la Luna) y Eos (la Aurora):

Tea concibió del amor de Hiperión y dio a luz
al gran Helios y las brillantes Selene y Eos,
que traen la luz a todos los mortales de esta tierra
y a los inmortales dioses que gobiernan el ancho cielo.

Sus tres hijos eran notables por su belleza y virtud, lo que atrajo sobre Hiperión los celos de los otros Titanes. Éstos, conspirando entre ellos, convinieron matar a Hiperión y ahogar a sus hijos.

Hiperión desempeña un papel virtualmente nulo en los cultos griegos y muy pequeño en la mitología, con la excepción de aparecer en la lista de los doce Titanes.

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Wednesday 9 september 2009 3 09 /09 /Set /2009 15:04

Tea

En la mitología griega, Tea  llamada también Eurifaesa (Ευρυφαεσσα Euryphaessa, ‘de amplio brillo’), era la Titánide de la vista y por extensión la diosa que dotaba al oro, la plata y las gemas con su brillo y valor intrínseco.

Tea se casó con su hermano Hiperión, dios del vigilante sol, con quien fue madre de Helios (de quien se dice en su himno homérico que era hijo de Eurifaesa), Selene y Eos, el sol, la luna y la aurora. Los antiguos griegos creían que la vista era un rayo emitido por los ojos similar a los del sol y la luna, por lo que era lógico que la diosa de la vista fuese también madre de los dioses de estos cuerpos celestiales. Tras la Titanomaquia, en la que las Titánides habían permanecido neutrales, se fue a vivir al palacio de su hijo Helios.

Píndaro elogia a Tea en su 5ª oda ístmica:

Madre del Sol, Tea de muchos nombres, por ti los hombres honran el oro por encima de todo lo demás; y a por el valor que les otorgas, oh reina, los barcos se enfrentan en el mar y recuas de caballos uncidos hacen maravillas en carreras de veloces giros.

Tea parece aquí una diosa de brillo en particular y de gloria en general, pero la alusión de Píndaro a ella como «Tea de muchos nombres» es reveladora, pues sugiere la asimilación no sólo de parecidas diosas madres del sol como Febe y Leto, sino quizás también de diosas madres más universales como Rea y Cibeles.

Al papel mitológico de Tea como madre de la diosa de la luna Selene se hace referencia con la aplicación de su nombre al hipotético planeta que, de acuerdo con una teoría, colisionó con la Tierra, provocando la creación de la luna.

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